jueves, 29 de agosto de 2019

Vlad

El cielo de Aeter se nubló aquella mañana de forma espontánea, a cuatro días de la boda de la princesa de Carstad con el heredero Vian Aeter. A causa de la profunda oscuridad que comenzó a asolar las calles, no pocas fueron las personas que en la ciudad se asomaron a ventanas y puertas y alzaron la vista para contemplar qué clase de evento estaba sucediendo en sus cielos para que el sol desapareciera de esa forma tan abrupta. La respuesta la hallaron en la titánica aeronave que estaba cruzando el espacio aéreo de la ciudad, opacando al mismísimo sol por su colosal tamaño. Otras más pequeñas la custodiaban con rápidos vuelos y giros procurando que ningún ser volador o aeronave Aeter interceptara de alguna forma al enorme transporte del emperador, que despertaba pavor en todos aquellos ciudadanos que veían tan magnífica obra de la ingeniería Carstad, pues tan grande era que desde las calles se podían contemplar los innumerables cañones que tenía como armas. Si tuviese a bien soltar toda su artillería sobre la ciudad, Aeter quedaría reducida a cenizas en cuestión de pocos minutos.

Como era de esperar, semejante monstruo metálico no pasó desapercibido en los medios y poco tardaron las noticias en anunciar que la nave personal del emperador Vlad Carstad había aterrizado en los territorios externos de palacio, donde pudo caber arrasando con medio bosque. Las puertas de palacio por tanto se llenaron de decenas y decenas y decenas de medios de comunicación que esperaban captar alguna imagen en video o foto del emperador, pero sería prácticamente imposible dado el lugar donde la gigantesca nave aterrizó.
-Pues menudo montón de mierda- bufó Lev, dando un trago a una petaca de plata.
-¿No vas a parar de beber ni en una visita oficial?- quiso saber Alek, acompañado por dos muchachas jóvenes de la edad de Anya aproximadamente. Eran hijas de las casas vasallas, cuyo resto de familiares llegarían justo a tiempo para la boda. Alek, sin embargo, como seductor natural que era, necesitaba compañía femenina que le amenizara la estancia.
-Tú quédate con tus buñuelitos y dejame a mí con mi bebida-
-Silencio- ordenó Vlad, que descendía de la nave tras ellos con un elegantísimo traje de chaqueta gris sobre una camisa negra. Sabía que en Aeter la temperatura era mucho más elevada que en Carstad, así que prescindió de sus típicos abrigos, capas y ropas típicas de allí. Sus hijos por igual vestían esas prendas más típicas de Aeter en gesto de buena voluntad y comodidad: Alek iba completamente de negro con una corbata verde oscura mientras que Lev vestía de un aburrido tono marrón con camisa blanca mal abotonada -Recordad que no estamos en nuestro hogar- regañó -Comportaos como es debido y no me dejéis en evidencia delante de los Aeter-
-Si, sí. Ya, ya- bebió de nuevo Lev.
-Sabes que de mí no te tienes que preocupar- rió Alek, abrazando por las caderas a las dos vasallas.
-Me tengo que preocupar de todos y cada uno. Hasta de mí- el tono serio desapareció inmediatamente tras decir aquellas palabras y una deslumbrante sonrisa apareció en sus labios -¡Hija mía!- anunció, abriendo los brazos para recibir un cálido abrazo de Anya, que llegó hasta él casi corriendo -El tiempo pasa tremendamente despacio si me falta tu cantarina voz por los pasillos-
-Qué cosas dices, padre- rió Anya
-Una hermosa estampa familiar- añadió Helion, acompañado de sus hijos y Selana.
-Su Alteza Real- inclinó la cabeza Vlad y sus hijos le siguieron.
-Su Alteza Imperial- lo mismo hicieron los Aeter dirigidos por Helion -Veo que no escatimáis recursos, emperador- miró la colosal nave tras los Carstad.
-Pensé que sería cortés por mi parte el ahorraros el tan sonado dicho de "estáis en vuestra casa" trayendo mi propia casa- rió.
-¿¡Vivís en una aeronave!?- clamó Lucce entusiasmado.
-Oh, por los cielos, no- rió Vlad más aún. Selana le dio un codazo a su hijo pequeño -Majestad, no es necesario corregir al chico. De hecho, en mi niñez, soñaba con construirme un castillo sobre las nubes. La verdad es que me ha dado una muy buena idea, este chico-
-Lucce, señor- sonrió emocionado.
-Lucce ¿eh?- Vlad se acercó y le dio una palmada en el hombro -Gracias a este enlace, espero poder contar con tu maravillosa mente entusiasta el día de mañana para los futuros proyectos tecnológicos de Carstad-
-¡Por descontado!- pocas veces habían visto a Lucce tan emocionado.
-Intuyo que el resto son los afamados hermanos de este jovial muchacho-
-En efecto- sonrió orgullosa Selana -Ella es Stelaris, él es mi mayor orgullo: Vian- señaló y enumeró.
-Encantado, princesa Stelaris- le besó la mano a la princesa -Y es un verdadero placer y orgullo conocerte, hijo. O en cuestión de días podré llamarte oficialmente así- Vian sonrió de forma apagada -¿Y tú eres...?-
-Nero- dijo Anya, junto al emperador.
-Nero... Nero, Nero, Nero...- recitó Vlad -No se me antoja muy familiar tu nombre, chico-
-Digamos que siempre he pasado muy desapercibido en este lugar. Y en todos- contestó sarcástico.
-¿Eres una sombra?- entornó la mirada Vlad
-Tratan de hacer que lo sea-
-Vaya... Un tipo duro- rió
-Sí, pero no le hagáis demasiado caso- se apresuró a decir Selana -A veces es un poco imaginativo e impulsivo. Tampoco sale mucho, por eso las noticias no...-
-Selana tiene razón- intercedió Nero -Haced como el resto, será lo mejor. No me hagáis caso- asintió. Vlad depositó una larga e interesada mirada en Nero hasta que descubrió a base de chasquidos la cantidad de besos que Alek estaba arrojando sobre la mano de Stelaris. Tanto los Carstad como los Aeter miraban con suma incomodidad la escena, dado que estaba propasándose y Stelaris no parecía estar precisamente incómoda.
-Alek...- bufó el emperador.
-¿Sí?- dijo, dejando de besarle la mano pero sin soltarla.
-¿Te importaría dejar de babear a la princesa y presentarte como es debido?- gruñó.
-Claro. Mi nombre es Alek. Es para mí el mayor de los placeres conocer a las estrellas más brillantes de Aeter: la casa real y sus integrantes- dijo con suma cortesía.
-Yo soy Lev, y eso- dijo simplemente saludando con la mano, apartado del resto y con la petaca en la mano.
-Somos una familia particular- dijo incómodo Vlad.
-Igual que nosotros, viejo amigo. Igual que nosotros- rio Helion -Pero vamos, vayamos a palacio. Dejemos atrás este bosque y disfrutemos de las comodidades pertinentes- dicho aquello, todos se movilizaron al unísono.

Una vez entraron de nuevo en territorio de palacio, las conversaciones se volvieron simplemente banales y casuales. Eran tantos en el grupo caminante que era difícil mantener una conversación fluida entre todos y, al final, todo parecía un simple gallinero desorganizado: Alek estaba prestando únicamente atención a la belleza de Stelaris mientras sus dos vasallas observaban celosas, Lev bebía en silencio, Nero caminaba despreocupado, Vian y Anya acompañaban a los reyes en una animosa conversación sobre los distintos climas y costumbres... Nada que interesara realmente a todos los presentes. Simple etiqueta y apariencia, como tanto detestaba Nero.
-Sin duda son unos jardines preciosos, alteza- observó Vlad -Y un palacio exquisito-
-Aprovechando que estamos aquí fuera, quisiera hacer ya uso del tiempo para dar mi regalo adelantado a los prometidos- comentó alegre Helion.
-Oh, me temo que yo he traido poca cosa- se lamentó Vlad.
-Esto no es una competición, emperador. No debéis preocuparos- Helion guió a la comitiva hasta un lugar apartado del patio donde ya desde lejos se dejaba ver una preciosa y reluciente aeronave de tamaño medio. Lucía un elegante y reflectante color plateado y el último grito en tecnología de movimiento Aeter. La nave más puntera del reino.
-Es para ti, hijo mío- dijo Helion posando la mano sobre el hombro de Vian, que observaba emocionado la maravilla que tenía delante -Y para Anya, por supuesto. En ella podréis surcar el país, los reinos, todo el continente. Podréis llegar a los confines que queráis alcanzar después de la boda- sonrió amable y su hijo le miró con ojos cristalinos. No era tanto por el valor del regalo, sino por el dolor de saber que podía ser la única forma de salir de palacio en cuestión de tiempo cuando su cuerpo dejara de responderle.
-Gracias, padre- asintió Vian.
-Es un gran honor, alteza. Estoy verdaderamente sorprendida por tan magnífico regalo- agregó Anya.
-Sin duda- Vlad se acercó a la nave y posó gentilmente su mano sobre el cacharro -Y me disculparéis Alteza si me atrevo a modificar vuestro regalo-
-¿Perdón?- Helion ladeó la cabeza.
-¡Mi regalo será compartido con vos!- dijo alegre -Tal y como unimos nuestras casas y nuestras familias, uniremos nuestra tecnología. Me ocuparé de que los mejores ingenieros hagan de esta maravillosa gloria aeteri un híbrido perfecto con nuestra potencia. Actualmente hemos finalizado una nueva tecnología que ha sido experimental durante años que aún no he estrenado ni yo mismo, el emperador- anunció encantado -Con ella podréis ir a donde queráis, incluyendo la luna-
-¿¡La luna!?- exclamó Lucce.
-Padre, creo que no te entiendo- se extrañó Anya.
-Tecnología, hija, para salir de los confines de este mundo. Lo he logrado-
-Por Leviatán...- la chica se llevó la mano a la boca, sorprendida. El resto de los Aeter mostraron también un enorme entusiasmo, salvo Nero y Helion. Al primero le daba igual, mientras que al rey no le hacía la menor gracia saber hasta qué punto estaba llegando el poder tecnológico de Carstad. Sabía que Vlad estaba luciéndose y pavoneándose de ello. En ningún momento estaba habiendo verdadera amistad entre ellos.
-Y para ti, hija mía...- sacó una cajita de la chaqueta -Pensaba dártelo más tarde pero dadas las circunstancias, me temo que no hay mejor momento- le entregó el objeto a Anya. Cuando las manos de la princesa abrieron la bonita cajita blanca, descubrió un collar con el escudo de Carstad labrado en oro blanco con un par de diminutos diamantes a cada lado del mismo como si fuesen un par de estrellas -No se me ocurrió otra cosa. Siento si es poco-
-Pero si es precioso...- observó Anya -Mil gracias- lo abrazó.
-Me encanta- señaló Stelaris -Es increible. Realmente increible. Creeme Anya cuando te digo que me encanta. Tengo un gusto exquisito para las joyas y nunca encontrarás algo así por aquí-
-Puedo conseguirte uno- le susurró Alek -Solo pídemelo-
-¿Así sin más?- le devolvió ella el susurro con una mirada pícara.
-Quizá tengas que ser un poco persuasiva, no dejo de ser el hijo del emperador-
-Y yo una princesa-
-Entonces podremos entendernos-
-Quizá...-
-Stelaris- gruñó Selana -Ve y busca a Reven. Cenaremos todos juntos esta noche para celebrar la llegada del emperador-
-Sí, madre- sonrió amablemente la princesa.
-Y ahora quisiera haceros una petición, si no es maleducado por mi parte-
-Como gusteis, emperador- concedió Helion.
-Llevo mucho sin hablar con mi hija y quisiera pasar con ella un rato a solas. Quizá podriamos dar un paseo y luego reunirnos con vosotros. Seguramente ella podrá guiarme de vuelta-
-Por supuesto. Ojalá todas las peticiones que me hicieran en esta vida fuese dar un paseo a solas-  rio Helion.
-No obstante, emperador, podéis compartir el tiempo con el resto, también. Promtemos no incomodar- se atrevió a decir Selana
-No lo pongo en duda, alteza, pero preferiría que cualquier cosa que tuviese que hablar con mi hija fuese en privado para evitar posibles coacciones- aquella relevación tan repentina hizo que el ambiente se tensara de forma abrupta. Solo Nero se cruzó de brazos y sonrió. Por fin ¡Por fin revelaban las cartas!
-Eso ha sido un poco... hiriente- señaló Selana -Hemos tratado a Anya como a una hija desde que llegó-
-Sí, casi no contenían el aliento mientras Anya y yo luchabamos por escapar de las sombras perdidos en mitad del bosque de Ocian-
-¡NERO!- tronó la reina
-¿Perdón?- Vlad miró con frialdad a la reina
-Como dijeron antes- se mofó Nero -No me hagáis caso. Disfrutad del paseo, alteza imperial- con un simple gesto de la mano, se marchó riendo él solo, disfrutando del pequeño caos que podía liberar una sola frase bien colocada.
-Efectivamente, no le hagáis caso- suspiró Helion -Os dejamos a solas. Pasad un buen rato y no dudéis en reuniros con nosotros en cuanto acabéis-
-Gracias, alteza- dijo Anya con amabilidad mientras se marchaban y los dejaban a solas.

Con la galantería que cabía esperar de un emperador y un padre, entregó el brazo a Anya para que esta se engarzara con él y pudieran a dar un agradable y placentero paseo por las zonas verdes de los patios de palacio. La cantidad de flores que decoraban los caminos eran tan hermosas como aquella mañána, en la que por fin podían hablar cómodamente de los planes que tenían en conjunto y de cómo estaban avanzando -Así que dime, Anya ¿Te cuidan bien? ¿Te dan buenas comidas? ¿Pasas frío aquí?- ante las preguntas de Vlad, Anya comenzó a reir.
-¿De verdad vamos a jugar a eso ahora?-
-Se supone que es lo que preguntaría un padre-
-No un padre que envía a su hija a matar enemigos...-
-Está bien, está bien- suspiró -No obstante, sí que querría saber sobre eso de perdidos en mitad del bosque y sombras...-
-Ah, un pequeño percance sin importancia. Como ves, estamos bien-
-¿Cómo os las apañasteis? Las sombras son infranqueables-
-Cuentan con unas piedras encantadas llamadas glifos. Con ellas se forma una barrera que mediante magia tiene a las sombras alejadas. Además, he descubierto que la magia las "daña". Nero conoce un procedimiento para encantar un arma, darle propiedades mágicas. Con ellas pudimos defendernos-
-Interesante...- asintió Vlad -¿Y qué me dices de la familia?-
-Todo va estupendamente bien- asintió Anya, satisfecha de poder decir esas palabras.
-Sin embargo los veo muy sanos a todos...- observó Vlad.
-No tanto- rio la princesa -Verás... ¿Sabías lo de la maldición?-
-¿Maldición?- Vlad la miró, desconcertado.
-Vaya, parece que no. Al parecer, cuando estos desgraciados destruyeron Branna- escupió con furia las palabras -Ifrit, nuestra deidad protectora, los maldijo- vagos recuerdos borrosos de su madre y una luz rojiza invadieron su mente -Al parecer, desde entonces, Vian ha estado empeorando en cuestión de salud y unas marcas siniestras han aparecido en sus manos. Según he llegado a saber mediante sus palabras, la familia cree ciegamente que es una maldición de Ifrit, como digo, y que se extenderá. Vian piensa que cuando él muera, afectará a otros-
-Fascinante sin duda ¿Me estás diciendo que no conocen el funcionamiento?-
-No, parece ser que no-
-Entonces la maldición podría llevarse a otros miembros de la familia antes que al propio Vian...- sonrió Vlad
-¿Qué quieres decir?-
-Piénsalo. No tienen claro el funcionamiento de dicha maldición, por lo que es una apertura que puedes usar, querida. Busca la forma de hacer que sus muertes son accidentes por culpa de la maldición y no a causa de una implacable asesina-
-Me parece bien... Sí- comenzó a reír Anya -Pero no será tan fácil. No sé cómo puedo abordar toda esta situación yo sola. Nero me advirtió, dijo que corro peligro. Seguramente se trate de la reina, pues me detesta. No parece fiarse de mí-
 -No se fía de nadie, incluso parece tener problemas con ese tal Nero-
-Sí... bastantes-
-Pues es otra baza a nuestro favor- Vlad se detuvo y miró a Anya a los ojos -Su desconfianza será su perdición. Seguramente estará tramando algo, hurdiendo planes en las sombras para solucionar problemas antes de que los puedas causar en caso de que resultes ser una traidora- ambos sonrieron con ironía -Pero un exceso de desconfianza como la suya le imposibilitará el poder simplemente existir. La vida es difícil, querida hija, y más cuando no encuentras la paz mental necesaria para soportar la carga que nos aporta el destino cada nuevo día. Sin equilibrio, no hay victoria-
-Volverla loca, es lo que me estás diciendo-
-Tan perspicaz como siempre- le dio un toquecito con el dedo en la nariz -Por eso siempre has sido mi favorita- Anya sonrió ante el comentario -Ella sola se eliminará de la partida si sacas provecho a su debilidad mental-
-Bien. Por lo demás solo queda un asunto que resolver...-
-¿Sí?-
-Hay un guardia aquí que sabe quién soy-
-Todos saben quién eres- comentó Vlad despreocupado
-Quién soy de verdad. La única superviviente de Branna- se extendió un silencio sepulcral entre ambos. El rostro tranquilo y alegre de Vlad se convirtió en la máscara de la misma muerte, con ojos llenos de oscuridad.
-¿Cómo es eso posible?-
-Es un superviviente de la batalla. Él me... mantuvo con vida hasta que los soldados de Carstad me recogieron-
-¿Y no te ha delatado?-
-No. Dice buscar lo mismo que yo, venganza-
-¿Y quién dice que es?-
-Se llama Logan. Es destacado entre los soldados. Creo que ha sido ascendido recientemente. Lleva un parche en el ojo derecho y el mismo brazo derecho envuelto en vendas hasta el hombro, aunque eso puede que no se lo veas fácilmente. El ojo bastará. También es maduro, mayor que cualquiera de los hermanos Aeter-
-Está bien... Siempre es útil que me cuentes todos estos detalles, hija-
-Lo sé, padre. No te ocultaría nada- Vlad sonrió complacido ante ese comentario.
-Gracias a esta unión nuestra y nuestra confianza mutua seremos capaces de borrarlos del mapa para siempre- tomó la mano de su hija -Se fuerte, un poco más. Aguanta, pasa por la boda y por todo cuanto venga después. Con el título de princesa de Aeter y futura reina estarás tan protegida que podrás llevar a cabo tu venganza, querida. Y yo estaré siempre a tu lado para apoyarte- Anya asintió, respirando hondo -Vamos a vengar Branna- asintieron ambos -Y tú serás la espada, Arenea- pronunció su verdadero nombre y fue como liberar una tormenta de emociones entre ambos. El momento se acercaba. Ya podían saborear la sangre. Ya sentían que tocaban la venganza con la punta de los dedos.

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