martes, 20 de agosto de 2019

Nero 

La cena concluyó sin mayores tensiones de las que ya, de por sí, había en la familia. La comida estuvo exquisita como de costumbre y para no variar demasiado Selana también se agenció no pocas copas de kosmic para mantener su temperamento a raya. No fue difícil en absoluto para una recién llegada como Anya darse cuenta de que ahí había ciertos problemas de adicción, aunque se contenía para no estar notoriamente borracha. Solo se mostraba ligeramente más sosegada.
-Bien... Pues creo que hemos terminado por hoy- dijo finalmente Helion poniéndose en pie y tras él, todos le siguieron imitándole -Espero que descanséis y tengáis una buena noche, familia- sonrió desganado.
-Igualmente, padre- dijo Vian en nombre de todos antes de que el rey acompañado por Selana se marcharan los primeros del comedor. Luego les siguió Lucce, que a petición de Vian, lo acompañaría hasta su habitación -Buenas noches Anya. Espero que duermas bien- deseó el heredero del trono antes de echar a andar junto al menor. Lucce, por supuesto, también deseó con dulzura a la recién llegada que descansase muchísimo.
-Gracias. Igualmente- sonrió falsa Anya.
-Nero...- la baja voz de Nashra se dejó oír mientras Lucce y Vian pasaban a través de la puerta -¿Vamos?- lo miró a los ojos y sonrió tan inocentemente que hasta al más bravo guerrero se le hubiese derretido el corazón. Nero era más frío que incluso el más bravo guerrero mencionado.
-No. Ve tú- contestó quedamente.
-Te esperaré, pues- asintió ella, complaciente. Apoyándose sobre la punta de sus pies, se inclinó cerrando los ojos y separando los labios, buscando un cálido beso de su amado esposo. Nero giró la cabeza de una forma sutil pero perceptiva que sorprendió a Anya. Era un gesto frío, tan gélido que se equiparaba a las tormentas invernales de Carstad. La extranjera entornó la mirada con interés y curiosidad.
-Tal vez deberías dormir- concluyó Nero -Necesito despejarme un poco-
-Ah...- sonrió ella nerviosa; sabía que la habían visto ser rechazada. Se estaba muriendo de vergüenza y lo expresó sin querer al llevarse el dorso de la mano derecha a los labios, tapándose la boca. Su voz sonaba quebrada, débil e insegura -Claro, sí. Aún así estaré esperándote, por si cambias de idea-
-Bien- ante la afirmación seca de Nero, ella sonrió visiblemente animada por la simple y reducida posibilidad de recibirle despierta en la habitación.
-Buenas noches a todos- dijo finalmente marchándose con paso ligero, tímida, pero alegre pese al rechazo de su marido.
-Bueno, bueno, bueno- se carcajeó Reven mientras se daba el lujo de caminar a una apartada mesa en una de las paredes, repleta de botellas y frascos de cristal. Todos contenían líquidos oscuros de distintas tonalidades que no hacía difícil adivinar que se trataba de alcohol de diversas marcas y tipos -Me parece que vamos a tener la oportunidad de tomar una copa tú y yo, Nero. Hace mucho que no hablamos- Nero le miraba con seriedad mientras que por otro lado, las restantes Stelaris y Anya, escuchaban en silencio.
-Creo... que yo también me marcho, entonces- asintió Anya, que aunque quería escuchar, sabía que sería sospechoso y que Reven estaba invitando indirectamente a las mujeres a marcharse.
-¡Te acompaño!- cantiñeó alegre Stelaris, agarrando a Anya de los hombros con suma confianza -Por cierto, por cierto ¿Te he dicho ya que mis allegados me suelen llamar Aris? Stelaris es un poco engorroso a veces...- contaba mientras sacaba a Anya de la habitación. Nero las miró marcharse po el rabillo del ojo.
-Curiosa chica, esta Anya- dijo de pronto Reven, sacando a Nero de sus pensamientos, mientras le ofrecía una copa. Reticente, el segundo príncipe la tomó y dio un profundo sorbo -Oh, empiezas fuerte- rió Reven imitándole.
-No pretendo quedarme mucho tiempo aquí, Reven- contestó Nero frunciendo los labios -¿Quieres algo en concreto?-
-¡Profundizar, muchacho, profundizar! Desde que me casé con Stelaris he estrechado lazos con todos menos contigo. Eres una personita un tanto taciturna ¿No crees? Deberías ser más alegre- Nero lo miraba sonreir con ojos fríos como el hielo. Dio otro trago y suspiró.
-Reven... Desde que tengo uso de razón, esta familia se ha pasado los días dicéndome cómo debo ser. No quieras sumarte al carro si lo que pretendes es... "estrechar" lazos conmigo-
-Lo decía con buenas intenciones- rió el vasallo para quitar hierro al asunto.
-Siempre tienes buenas intenciones- dijo de pronto Nero, con la copa a a la altura de sus labios.
-¿Qué quieres decir?-
-Quiero decir que desde que te casaste con mi hermana eres, salvo por Vian, el hijo predilecto. Si mi hermano no estuviera vivo, posiblemente te habrían hecho a ti heredero-
-¿Tú crees?- que Reven riera y se lo tomase como un cumplido pese al tono acusador de Nero hizo que al príncipe le gustase aún menos, y eso que parecía imposible -Me resulta halagador. No sabía que ocupaba un puesto tan importante en el corazoncito de sus majestades reales-
-Ya veo. Pues parece que sí- Nero se acabó la copa -Buenas noches, Reven-
-Espera, eh, espera- le agarró del brazo -¿Ya te vas? Tómate otra, hombre-
-Creo que no- dijo mirando cómo le atenazaba el brazo con una fuerza notoria, desesperada por que no se fuese, casi -Suéltame, Reven- ordenó con voz fría.
-Ah, oh... Lo siento, Nero- se disculpó el marido de su hermana mientras le soltaba y alzaba la mano en señal de disculpa -Manos traviesas, manos traviesas-
-No vuelvas a agarrarme así ¿Está claro?- entornó la mirada.
-Lo siento, lo siento- reiteró -Así conquiste a Aris, supuse que a la gente le puede gustar mi forma de tocar- el tono de voz declaraba que aquellas palabras llevaban una intención que a Nero no le gustó lo más mínimo. Sintiendo la creciente tensión entre ambos, pues ahora la mirada de Reven reflejaba una seriedad amenazante, decidió darse la vuelta y marcharse, dejando a su cuñado a solas con la bebida.

De vuelta en su habitación, consternado por no haber podido disfrutar de un rato a solas como pretendía, se encontró de bruces con que Nashra estaba tumbada en la cama leyendo tranquilamente a la luz de la lámpara de la mesita de noche. El rostro se le iluminó más que al propio sol cuando vio a Nero entrar. En la intimidad, con su marido, la vergüenza se desvanecía a niveles soportables y se permitió alisarse el fino camisón que llevaba puesto para que se le pegara al cuerpo -Has venido- dijo entre risillas.
-No voy a dormir en el patio, si eso es lo que esperabas- suspiró Nero desabotonándose la camisa. Nashra le estudiaba con atención mientras se desprendía de dicha prenda: cada parte del cuerpo de su marido era mágica para ella. Cada lunar, cada músculo tenso y relajado, cada forma...
-Pensé que Reven te entretendría toda la noche. Él y el alcohol no son buenas combinaciones... Recuerdo que en la boda de Aris...-
-Da igual- bufó Nero sentándose en la cama para quitarse los zapatos y el pantalón -Recuerdo la boda de mi hermana. Ojalá no lo hiciese y solo quedara en mi mente como una anécdota que me puedes contar y de la que me alegraría no haberla vivido-
-Ojalá- rió inocentemente la chica -Me encanta contarte cosas-
-Y a mi oirlas- dijo con tono burlón, tumbándose en ropa interior en la cama junto a ella. La miró de soslayo y se percató de que el libro ya no estaba en sus manos y el camisón estaba desprendiéndose de su cuerpo de forma lenta y sugerente. Al final, Nashra era solo una bonita joven en ropa interior, al igual que su marido, aunque por su parte, su lencería era mucho más elegante y sugerente. Parecía estar hecha, o quizá ella se había vestido así a propósito, para resaltar sus formas.
-¿Te cuento entonces un secreto al oido...?- susurró coqueta.
-Nashra...- pronunció Nero con poca paciencia
-Verás, hace mucho tiempo supe de una chica de la casa Albora...- era la casa a la que ella pertenecía, la familia vasalla menor del reino de Aeter -Una muy tonta, despistada, torpe y con pocas habilidades sociales- se acercó a Nero y se abrazó a él. Le hablaba en cálidos susurros cerca del oído mientras una mano furtiva se aproximaba provocativa a la intimidad de su marido -Una mujercita a la que solo consideraban una cara bonita y poco más, aunque particularmente no considero que lo sea- hablaba de ella misma, pero siempre su poco amor propio hablaba por ella hasta en la intimidad -¿Sabes qué pasó? Que se enamoró perdidamente del único hombre que conoció en su vida que no se acercaba a ella con intenciones de llevarla a la cama y tener un pequeño título nobiliario...- con deseo, aferró aquella parte que deseaba de su marido en ese instante -El único hombre, tan brillante como el sol y tan misterioso como la luna, que la veía como una simple mujer y no como un trozo de carne y una llave de plata- casi jadeaba la historia a esas alturas -Y es por eso que ese hombre es el único que va a tener tanto la llave como la carne- concluyó la historia torpe y risueña. Comenzó a besarle el rostro, buscando sus labios. Le acariciaba el miembro buscando excitarle, a la vez que con su otra mano trataba de deshacerse de su propio sujetador para quedar desnuda y revelar sus pechos -Ay, espera...- al no lograrlo, se detuvo. Tuvo que usar ambas manos para hacerlo. Nero la miraba como quien mira a un cachorro perseguirse la cola. Tanta inocencia, tanta bondad, tanta belleza cándida que no se correspondía con el lugar en el que estaba viviendo y con la familia que estaba habitando... -Ya- suspiró trinfante. Quiso adoptar una postura sexy y llamativa para Nero pero su torpeza natural la hacía ver como si estuviera bromeando. A fin de cuentas... aunque fuese una mujer, su alma seguía siendo la de una niña a ojos de Nero -¿Soy guapa?- Nero asintió, pensativo -¿Te parezco una mujer hermosa, Nero?- volvió a asentir -¿Y me deseas...? ¿Vas a poseerme otra vez?- se inclinó para buscarle un lujurioso beso, pero Nero, como en la cena, lo rechazó -¿Nero...?-
-Estoy cansado- dijo, sin más, mirándola a los ojos. Nashra sintió de golpe y porrazo toda la vergüenza venírsele encima como una catarata. Tanta fue que su instito fue coger el camisón y taparse la desnudez del pecho con el mismo. De pronto era como si su marido fuese un completo desconocido.
-Eh... Ah... Claro- sonrió triste -Es normal... Supongo...-
-Eres preciosa- dijo Nero, distante, besándola en la frente -De verdad-
-Pero entonces...-
-Estoy cansado, te lo he dicho- insistió. Nashra se sentía fatal, pero el hecho de que la llamara preciosa y le besara la frente de esa forma hacía que su decepción y vergüenza se fuera transformando en comprensión -Las cosas están complicadas- explicó Nero de la forma más vaga del mundo para ser un matrimonio -Cuando las cosas se relajen, cuando me sienta capaz de darte lo que te mereces y hablo en todos los aspectos...- sonrió triste el hombre -Te prometo que todo será para ti-
-V-vale- Nashra sonrió resplandeciente. Podía esperar. Desde que se habían casado le sobraban dedos de una mano para poder contar las veces que habían hecho el amor, y eso eran años. Apenas sí recordaba que habían sido dos o tres veces en total, pero al parecer, Nero siempre tenía problemas que ocupaban en exceso su mente, pero al ser quien era y estar Vian enfermo de la forma en la que estaba, la enamorada chica podía comprender que debía ser difícil... ¡Y ella iba a ser su completo apoyo! -Vale, Nero... digo... Cariño, esposo, mi amado- dijo con todo el cariño y amor que le nacía del corazón, que era mucho -Seré buena y te apoyaré en todo. Esperaré paciente a tenerte solo para mí-
-Eres un sol- dijo mientras se daba la vuelta para dormir. Ella se aferró a él con mimo, de nuevo sin el camisón apegado al cuerpo, dejando que los cuerpos se sintieran el uno al otro. Ella se durmió rápido y a gusto. Nero apenas pegaría ojo en toda la noche.

Logan

Anya tardó un poco demás en llegar a su habitación, pues Aris era especialmente conocida por hablar sin parar. Era todo un cascabel y siempre se mostraba exultante, capaz de hablar de todo, a todos y a todas horas. En el trayecto apenas largo hasta la habitación fue capaz de contarle a Anya cómo fue su loca noche de bodas y, con picardía, hasta le narró con detalles cómo se escabulleron ella y Reven de la atenta mirada de sus majestades para ir a echar un rápido polvo a los baños de palacio, pues no podían esperar a ir a la cama, que se amaban demasiado, que el deseo, que la lujuria y un largo bla, bla, bla que tenía a la princesa de Carstad con la cabeza abotargada. Cerrar la puerta y abrazar la oscuridad de su habitación fue verdaderamente acogedor. La soledad, el silencio, las sombras... era su hogar, donde parecía que debía pertenecer. Se acercó a la cama y se quitó los zapatos ¡Liberadora sensación! Pues pese a haber estado sentada, le estaba empezando a hacer daño en el talón. Luego, por fin, pasaría a desabotonarse el cuello del traje y comenzó a alzarlo para desvestirse cuando se percató de un rincón siniestramente oscuro. Por instinto echó mano a una de sus piernas pero no, no tenía las dagas. Su mirada, sin embargo, fue más que suficiente -Unos ojos muy agudos- masculló Logan, saliendo a la luz nocturna que entraba por la ventana -Un tanto peligroso eso de no encender la luz, alteza. Nunca sabes quién puede acechar tras la puerta-
-Se supone que palacio es el lugar más seguro del reino ¿En qué posición deja eso a la seguridad del reino y a la familia real?- contestó ella de mala gana, soltando el vestido. Por poco queda desnuda ante ese tipo.
-El palacio es el lugar más seguro de Aeter para contra el enemigo exterior. Pero muchas veces no es el exterior, sino el interior, la verdadera amenaza. Y creeme, no hay palacio que te proteja de sus propios reyes-
-¿Vas a decirme de una vez quién eres tú?- amenazante, la chica se puso en pie.
-Ya te lo dije. Yo te salvé hace 20 años-
-No es suficiente ¿Qué pretendes? ¿Vas a delatarme?- Logan no pudo evitar empezar a reir a verla tan determinada y lanzada. Que su mirada cortara como sus dagas le parecía una broma, dado el papelito de chica complaciente que lucía ante sus majestades.
-No voy a exponerte ante Aeter, no me interesa. Eres una pieza importante en el tablero de los dioses, princesa- declaró con una sonrisa maliciosa -Vengo a proponerte un trato que quizá no habías valorado, pues pretendo ser, si así lo aceptas, la mejor espada que puedes portar en tus manos: te ofrezco la venganza por lo que sucedió a tu familia cuando eras pequeña. Te ofrezco matar y destruir a esta familia real en tu nombre- sentenció finalmente, siniestro y glorioso, con la seguridad de alguien que no puede perder.

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