miércoles, 21 de agosto de 2019

ANYA

Nunca hubiese imaginado que aquella idea tan valiente y arriesgada que se le había pasado por la cabeza, habría resultado tan acertada para sus planes. Nero, después de varios días de esfuerzo, seguía siendo impenetrable. ¿Como conocerle si no era estando forzosamente a solas con él? Vlad, durante tantos años de entrenamiento y planificación, le había enseñado a la chica que sin conocer al enemigo era imposible enfrentarse a él. Y tenía razón, porque mientras que Anya empezaba a hacerse una idea de como empezar a destruir la estabilidad de los Aeter, el príncipe se le seguía escapando.

— Lo que has hecho ha sido temerario — explicó Vian con un deje de preocupación en la voz. Su aspecto demacrado y su voz rota hacían aún más dramática la expresión.  Dado que aquella misma tarde partirían, la princesa había decidido hacer una última visita antes del viaje a su esposo. Al fin y al cabo, la actuación seguía adelante.
— No sabía como impresionar a tu familia — se aquejó la chica con un suspiro.
— No hace falta. Tampoco es necesario que vayas, en serio. Nero sabe arreglárselas solo. Además, irá acompañado de soldados.
— No lo hago por tu hermano, lo hago por ti. 
— Por favor... si ni si quiera me conoces — recordó el hombre. Anya prefirió mantenerse en silencio. Su falta de relaciones personales hacía que a veces no supiese si estaba siendo demasiado lanzada o no con alguien. — Y lo que menos desearía es que, ya que vamos a pasar por este trámite político, encima estés involucrada en mis problemas.
— Para mi no es ninguna molestia si es a lo que te refieres. Además, mi padre me envió a este lugar para servirte a ti... como mujer — comentó con cierta timidez. — No quisiera que ese papel se redujese solo a... — lo cierto es que las palabras se le atragantaron, sin necesidad de simularlo. Vian la entendió rápidamente, y con un gesto de manos, le indicó que no era necesario que siguiese explicándose. — Solo quería hacer lo correcto — terminó por decir. 
— ¿No hay forma de hacerte recapacitar?
— ¿Después de haber formado esa escenita? No, no creo — sonrió la chica, colocando una pierna sobre la otra. Aquel día no había necesitado permiso para sentarse en la cama.
— Entonces ten mucho cuidado — finalizó, soltando un pesado suspiro. Señal que Anya tomó para ponerse en pie y marcharse. Al alzar el hombre la mano, ella se la tomó durante unos segundos para después soltarse. Había llegado la hora.

Tras las puertas de la habitación de Vian, los dos soldados de siempre y uno más esperaban fuera. Logan había permanecido un buen rato fuera, pudo la chica adivinar, esperando su salida. — Mi señora— comenzó a decir haciendo una reverencia. — El coche os espera—. Anya caminó a paso tranquilo a través del pasillo hasta llegar al ascensor. Una vez dentro, las puertas se cerraron para ambos. El interior de la cabina estaba llena de espejos, de forma que la princesa no tuvo que girarse para ver el rostro de su soldado, o más bien, su aliado. — ¿Te contuviste?
— ¿Estabas observándome? — preguntó, arqueando una ceja.
— Soy tu guardián. De no hacerlo, estaría en la calle — aseguró. — Pero te felicito. Has conseguido dejar en evidencia al Capitán de la Guardia Real delante de su familia y todo el servicio curioseaba por los alrededores —. Aquel detalle hizo que los ojos de la chica se clavasen en el del soldado con un deje de incredulidad a través del cristal. — ¿No lo sabías?— sonrió — El puesto de Capitán de la Guardia corresponde al primogénito de los reyes. Vian se estaba preparando para ello cuando la enfermedad se apoderó de su cuerpo. Desde entonces, el puesto se delegó en Nero. 
— Curioso —respondió la chica, esbozando una media sonrisa a la par que pulsaba el botón que los llevaría hasta la primera planta.
— Pensaba que estabas estudiando bien a tus enemigos. No sería bueno que se te escapasen detalles importantes como ese.
— Una vez más, presupones demasiado. — Logan alzó las manos con una sonrisa afable en los labios, relajando la postura responsable que su puesto le obligaba a tomar. A fin de cuentas, allí dentro estaban seguros.
— Vale, vale. Ya veo que sigues sin fiarte de mi. Lo entiendo, no debe ser fácil. Por suerte vamos a tener tiempo para conocernos mejor. La reina ha ordenado que te acompañe a Ocian. Parece ser que mi puesto de guardián no va a quedar relegado únicamente a los interiores de palacio.
— ¿Como consigues salirte con la tuya tan fácilmente? 
— Supongo que tengo suerte — comentó despreocupado. — Por cierto, esa ropa ote sienta mucho mejor que cualquier vestido de niña rica que te hayan dado aquí antes —. En efecto, Anya no vestía ningún traje elegante en aquel momento. Dado el caracter de la misión, la princesa había pedido ropas cómodas y eficientes para poder desenvolverse unos días fuera de palacio. Las faldas largas se habían sustituido ahora por unos pantalones de cuero negro con bolsillos a cada lado, una camisa blanca sencilla y un chaleco a juego. El cabello, por suerte, no había tenido que arreglárselo para el momento. El largo espesor de su cabellera le permitieron cogerse una trenza larga baja y descuidada. 
— ¿Piropeas a la futura mujer del Vian? La verdad es que no lo sé, pero creo que debe estar penado con algún tipo de castigo — comentó la chica con voz jocosa. 
— Que yo sepa, desde que la historia está escrita, cualquier hombre siempre ha piropeado a la reina de un país. Nunca se sabe cuando puedes caerle en gracia a la persona más poderosa de todo un reino —. Una vez más, Logan hablaba sobre ella como si otease constantemente el futuro.
— ¿Y eso es lo que quieres? ¿Mis futuros favores? Si piensas que vengo aquí a por venganza, deberías pensar que quizás Vian nunca llegue a reinar. Ni Nero, ni Stelaris, ni Lucce... — enumeró.
— Bueno, en ningún caso perderías tu poder.
— Si, ya, poder...

Las puertas del ascensor se abrieron, y con ellas, la conversación entre princesa y guardián se esfumó. Volver a fingir que no se hablaban y que debían cumplir un protocolo estricto provocó un choque abrupto en el ambiente, el cual se relajó a medida que Anya caminaba en dirección a las afueras de palacio. 
Volver a sentir la libertad después de varios días de encierro en aquel enorme edificio le supo a gloria a la chica a pesar de que el trayecto hacia el coche era excesivamente corto. El vehículo estaba en el interior del jardín delantero, y junto a él, un par de coches más esperaban, de seguro, lleno de soldados. Logan abrió la puerta trasera del coche principal, instando a que la princesa entrase. Cuando lo hizo, se encontró con que Nero ya estaba acomodado en su interior. Ninguno de los dos dijo nada hasta que el soldado volvió a cerrar la puerta. Para sorpresa de la chica, se sentó en el asiento del conductor. ¿También iba a ser su chófer? — En el maletero hay armas. Cuando salgamos, procura coger una con la que te sientas cómoda. No es un viaje peligroso, pero es mejor protegerse — explicó el príncipe. Dado su carácter, la chica no esperó que fuese él quien rompiese el hielo en aquella situación. — También hay una vara con punta afilada — añadió. Anya a penas pudo reprimir una sonrisa.
— De acuerdo. Unas dagas estarán bien.
— ¿Dagas?
— Las varas no son... lo más cómodo para mi —explicó. Sabía que decir aquello denotaba vacilación, pero no pudo evitarlo. — Me gustan porque me aportan un poco de seguridad contra contrincantes a los que preferiría mantener a raya mientras estudio sus movimientos. Pero una daga da mucha más facilidad para poder moverme en cualquier situación. — Después de aquellas palabras, Nero mantuvo silencio.
El coche arrancó, de forma que los vehículos salieron en fila hacia el exterior. Anya no se negó a mirar por la ventanilla cuyos cristales estaban tintados para preservar la intimidad. A las afueras, unos cuantos ciudadanos curiosos, con cámaras en las manos, esperaban impacientes captar alguna noticia. Por suerte, ninguno llegó a verles en el interior de aquel coche.
— Siempre están ahí — informó el príncipe con cierto asco en la voz.
— También hay periodistas y curiosos en Carstad. La vida de los soberanos les resulta curiosa. — Nero volvió a quedarse callado. Sus ojos estaban perdidos en la muchedumbre que dejaba atrás. ¿A caso odiaba a la gente que le admiraba? La princesa no llegó a comprenderlo en aquel momento.  — ¿Donde está Ocian?
— Lejos. Haremos noche en mitad del camino. Es una ciudad que pertenece a la costa norte del reino — aclaró. — No esperes un hotel. No podemos llamar la atención, sobre todo cuando el asunto recae sobre mi hermano. Nadie debe saber qué vamos a buscar y por qué.
— Protegéis a vuestro hermano a toca costa.
— Selana es quien no quiere que su estado de salud se haga público. Le gente sabe que el futuro rey está enfermo. Camina con bastón y hace pocas apariciones públicas. Pero tú, tu llegada, a distraído la preocupación de la gente por tener un rey débil y enfermo. — la miró. — Es mejor que piensen que todo sigue bien. 
— Vian me dijo que era... una maldición — murmuró. Su mirada fue a parar al retrovisor del coche. Efectivamente, Logan les observaba de soslayo. 
— Así que te lo ha contado — casi susurró. — ¿Entiendes ahora por qué es mejor que no lo sepan? Que empiecen a sospechar, a hacerse preguntas, que alguien pudiese llegar a ver esas marcas y lo contase sería un desastre.
— ¿Puedo... hacer una pregunta que quizás me hagan parecer una desentendida? —. El príncipe no respondió. — ¿Por qué si no queréis llamar la atención... te encargas tú mismo de buscar esa cosa que va a ayudar a la salud de Vian? — Ante aquella pregunta, Nero comenzó a rebuscar en sus bolsillos. Aquel día, vestía ropas muy similares a las de Anya. Unos pantalones oscuros con bolsillos anchos y un chaleco a juego. Cuando sacó la mano, descubrió un par de piedras con runas azules dibujadas.
— Estos son glifos. Están llenos de magia protectora. Con unos cuantos de estos cerca, las sombras que acechan en la noche no podrán acercarse — explicó. — Los Aeter, bendecidos por Leviatán, somos las personas que más magia albergan para mantener estos protectores activos en todo momento. Un soldado raso cualquiera no podría controlar los glifos y posiblemente, poco les protegerían. Por eso es vital para ellos que un miembro de nuestra familia les acompañe a este tipo de misiones.
— Sobre todo tú, que eres el Capitán de la Guardia — terminó la frase la chica. Nero asintió, volviéndoselos a guardar en el bolsillo.
— En el maletero también hay una bolsa llena de glifos. Puedes coger un par si te sientes más segura con ellos cerca. — Dada la información que el príncipe acababa de darle, supo rápidamente que era mejor no hacerlo. Si aquellas piedras funcionaban con la magia que una persona albergaba en su interior, con ella nunca se apagarían. 

Repentinamente, el hombre colocó una pierna sobre la otra y dejó la cabeza reposando en el asiento mientras se cruzaba de brazos. No dijo nada, pero la princesa supo que quería descansar. Ya lo había dicho, el viaje era largo y poco o nada podrían hacer hasta que el coche hiciese un alto en mitad de la noche. Y lo cierto era que Anya también estaba cansada. Durante toda la semana y el resto de días que había vivido en palacio, dormir para ella había sido difícil. ¿Quien podría dormir en una casa llena de enemigos que podrían asesinarla durante si la descubrían? Sin darse cuenta, apoyó su frente en el cristal de la ventanilla. Empezaba a sentirse lejos de palacio, de la capital, a pesar de que tenía a Nero a su lado. Si Logan la ayudaba, en el interior de aquel coche estaba mas que segura. Por ello, poco a poco, los ojos comenzaron a pesarle hasta que dejó de percibir todo cuanto la rodeaba. El sueño se apoderó de ella bajo el cielo crepuscular.




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