lunes, 19 de agosto de 2019

Logan

Tras el "rapto" por parte de las criadas que se llevaron a Anya al baño, Logan decidió que era un buen momento para alejarse un poco de sus obligaciones. Siguiendo el protocolo que las casas reales han tenido desde que tiene uso de conocimientos al respecto, sabía que a la chica iban a llevarla de forma casi inmediata al gran comedor donde se reuniría con el resto de la familia, por lo que él ya no era necesario y no le echarían de menos hasta pasado un buen rato... o el resto de la noche.

El aire de la noche le sabía a humo, como de costumbre. Desde hacía 20 años, no recordaba cuál era el aroma de la fresca humedad nocturna o del rocío del alba en las plantas. Hacía tanto tiempo que había olvidado el olor de la tierra mojada, de la lluvia... Solo quedó en él el humo y el ardor del fuego, eso era cuanto eran ahora sus sentidos.

Abandonar el palacio no fue muy difícil. Acostumbrado a vivir como un sin techo vagabundo, se le daba bien escabullirse de soldados que eran incluso más inexpertos que él. Saborear por tanto la libertad que le concedía estar fuera de ese montón de paredes de marmol fue embriagador y más aún cuando las gigantescas luces de la ciudad le amenazaban con cegarle el único ojo que le quedaba.
Las calles a esas horas ya estaban menos bulliciosas y sorprendentemente limpias. Los pocos transeuntes que atravesaban las calles o las calzadas caminaban a ratos a prisa, a ratos dando tumbos, pues siempre hay alguna oveja descarriada. Logan, por su parte, avanzaba con pie firme y sereno observando y estudiando vagamente la estructura de la ciudd, tan moderna, de edificios tan altos y rectangulares como enormes lápidas, lo cual era irónico ¿Cuánta gente perdía la vida, de forma metafórica, entre ese montón de paredes y ventanas? Los epitafios de los trabajadores a favor del reino quedaba reducido a la tinta que gastaban decenas de impresoras y alguna que otra que se usaba para escribir a mano.

Rato después, a una altua que ya la cena estaría por comenzar, Logan acabó dejando detrás el gran montón de edificios para adentrarse en un parque gigante y precioso que estaba presidido por el Gran Templo en culto a Leviatán. Se trataba de una estructura abruptamente distinta al resto de edificios de Aeter, pues mientras todo era edificios como anteriormente comprobó, el templo era literalmente una enome caja cincelada en piedra rodeada de pilares que parecían sostener el peso del enormísimo techo. En el frente, tanto los pilares como la cara frontal del techo tenía innumerables grabados en honor a la deidad que protegía Aeter, en los que se le mostraba en distintas posturas y formas, como si docenas y docenas de artistas hubiesen trabajado y elaborado aquel templo a lo largo de los años, lustros y décadas. Era una completa oda al distinto modo artístico de cada uno de los autores que por allí habían pasado. El interior, por otro lado, era diferente nuevamente: era como volver a la edad antigua, sin un solo asiento, sin ningún tipo de pantalla o tecnología. El suelo estaba repleto de cojines de gusto exquisito donde Logan sabía, por su juventud, que la gente acudía a arrodillarse y rezar a Leviatan. En el fondo, en lo más hondo del templo, una enorme escultura a la deidad se alzaba de una fuente de aguas tan cristalinas que con solo verlas secaba la garganta y provocaban una gigantesca sed. El hombre que antaño formó parte del seno de Aeter se plantó ante la enorme figura tras atravesar por completo el templo y perdió los minutos divagando a la par que estudiaba la gloriosa estructura.
-Gloria a aquellos que dedican su vida a saber a quién se la deben- dijo una voz siniestra a espaldas de Logan, pero no lo suficiente para inquietar al antiguo soldado, que no se giró para comprobar si se trataba de algún peligro -¿Vienes a rezar a estas horas, hijo del mar?-
-Si viniera a rezar estaría hincando rodilla en uno de esos cojines- masculló Logan.
-Bien. Supongo que a Leviatan no le complacería una plegaria de un hereje- aquellas palabras sí que hicieron que Logan se girase ipso facto. El rostro anciano del hombre que le miraba con perfidia no era en absoluto amigable. Tenía las manos cruzadas bajo el estómago y un ostentoso collar dorado con un extraño símbolo indescifrable arrojaba destellos al agua tras Logan, reflejando la luz de la miriada de velas que alumbraban el templo.
-¿Hereje?- Logan entornó la mirada -¿Qué sabes tú de mi herejía?-
-Oh... ¿No eres tú ese soldado que abandonó sus tropas hace ya dos décadas?- alzó el rostro con altivez. El antiguo soldado de aeter sonrió tras unos instantes de meditación.
-Veo que a ciertas personas les gusta contar al clero todo lo que sucede a su alrededor-
-Tu agudeza me resulta estremecedora, viejo soldado- contestó el sacerdote de Leviatan, confirmando las sospechas de Logan. Alguien de la casa real mantenía un estrecho contacto con ese anciano y, por alguna razón, no le resultaba extraño en absoluto.
-Entonces supongo que también sabrán que he estado aquí-
-De nuevo muestras agudeza- sonrió extrañamente el anciano.
-¿Tienes nombre?-
-Me llamo Adimus Kleanse- dijo tendiendo la mano.
-Logan Vals- estrechó Logan, correspondiendo. En aquel instante, el anciano pareció tener prisa por soltarle la mano envuelta en vendas a Logan. Los ojos azules de aquel hombre reflejaron por momento un enorme pavor, pero comenzó a relajarse al ver que Logan no hacía nada extraño -¿Estás bien?-
-Sí... Es solo que me ha parecido ver... algo extraño-
-Sin duda una visión de Leviatan- dijo Logan jocoso
-Sin duda- reiteró el anciano, asintiendo -Pero no es de visiones de lo que quisiera hablar... ¿Se puede saber por qué, si has regresado a prestar servicio, ahora te encuentras aquí alejándote de tus obligaciones?-
-He estado 20 años lejos de nuestro protector- recordó Logan -20 largos años, sacerdote Adimus. Quería volver a ver su magnificiencia-
-Bien has dicho antes que no venías para orar-
-Y no he dicho que venía a ello. Solo a contemplar su figura- Logan giró la cabeza para mirar una vez más la enorme estatua de Leviatan -Ciertamente es sobrecogedor. Me pregunto si se le respeta como antaño se le respetaba. Como deidad... y como poderoso gobernante de todo el continente- apuntó.
-De todo el continente...- repitió el sacerdote, reflexivo -Si he de hablar con franqueza... mucho me temo que la familia real y no hablo por su majestad Helion, sino incluso de sus ancestros, han olvidado un poco lo que significa portar la Marca de Leviatan como tesoro del reino-
-¿Así que el rey tiene la Marca?- preguntó Logan fingiendo no interesarse demasiado.
-La situación de la Marca, mi viejo compatriota, no es de tu incumbencia. Es algo que solo el rey debe saber y solo a él se lo he de comunicar- fácilmente se reconocía en las palabras del sacerdote que no estaba en manos del rey. Tendría que posponer un poco más sus objetivos hasta dar con ella...
-Comprendo. Siento si mi pregunta ha resultado ofensiva o intrusiva-
-Sí, lo ha sido, pero todo humano peca de curioso. Hasta el hombre más sabio, aquel que albergue el conocimiento absoluto de todo lo que existe y existió, tendrá dudas y curiosidad por saber si le falta algo en su librería de conocimientos-
-Sin duda- sonrió Logan lentamente -Me parece una reflexión más que adecuada ¿Su majestad sigue siendo tan curioso como antaño? Como cuando conquistó Branna-
-Se ha vuelto más reservado- dijo el sacerdote con cierta tirantez.
-¿Se ha acobardado?-
-Yo no usaría semejante calificativo para el rey, señor- advirtió el sacerdote -Podría llegar a sus oídos- Logan era inteligente y conocía a la clase de gente que parecía ser Adimus. Podía sospechar que no era Helion el contacto de la familia real que mantenía el anciano, pues sin duda, de ser así, inmediatamente habría reaccionado de forma más agresiva ante un comentario despectivo hacia el rey por ganarse su favor. Aún así, para confirmarlo, solo tendría que esperar al alba: si no tenía un par de guardias llevándole ante un rey iracundo por un insulto a su integridad bélica, no era Helion.
-No pretendía ofender a su majestad. Jamás lo haría- corrigió Logan -Pero es lo que he llegado a intuir en tu tono de voz...-
-¿Estás insinuando que yo considero al rey un cobarde?- Logan simplemente se encogió de hombros.
-Falaz... Realmente falaz. Qué podía esperar de un hereje-
-Yo pensaba que empezabamos a llevarnos bien a raíz de esta conversación- volvió a sonreir Logan, despreocupado -Al parecer pensamos parecido respecto a la autoridad de Leviatan- ante esa afirmación, el sacerdote frunció los labios y miró fijamente a Logan durante unos instantes.
-Será mejor que abandones este templo ahora mismo y, si vuelves, que sea con otra actitud- su delgada y arrugada mano apuntó inquisitiva hacia la salida del templo.
-Oh, sí, sin duda- rió Logan entre dientes mientras caminaba hacia la salida -Le hago esta promesa directamente a Leviatan- dijo antes de marcharse, mirando al sacerdote -Cuando regrese a este templo... será definitivamente con otra actitud- concluyó críptico antes de marcharse, dejando a Adimus en completa soledad.

Nero

Por otro lado, mientras Logan se dirigía y se ocupaba de sus asuntos en el Gran Templo, Nero terminaba de vestirse para acudir a la cena de presentación oficial de Anya en la familia. Sabía que todos sus familiares se vestirían para la ocasión con verdaderas galas, por lo que él prefirió mantener el perfil bajo y se contentó con un pantalón negro y una camisa blanca que, por otro lado, no se preocupó demasiado en abotonar por completo, dejando el cuello abierto de forma despreocupada y algo desaliñada. Peinó sus cabellos hacia atrás y un poco hacia el lado con sus propias manos, de forma que tampoco quedó precisamente presentable. Se miró al espejo largo rato con mirada seria hasta que acabó por suspirar -Esto es un verdadero coñazo-
-Ya- dijo tras de sí la sosegada voz de Vian.
-¿No se cansa Selana de enviarte a vigilarme?- preguntó dándose la vuelta, dejando de mirarle a través del espejo.
-Si te comportaras como debes, hermanito, no mandaría a un lisiado a cuidarte y a darte tirones de oreja- inquirió Vian sin mucho ánimo -Y llámala madre, como todos nosotros. Es un poco irrespetuoso dirigirte a ella por su nombre como si no estuviérais relacionados-
-Quién diría que estamos relacionados...- bufó Nero, mirándose al espejo otra vez.
-¿Listo? Tardas una eternidad en mirarte mil veces en ese espejo. Nunca esperé de ti que fueras un narcisista- apoyado en el bastón, Vian se puso en pie con calma y dificultad, componiendo una expresión de dolor.
-Si, la verdad es que me gusto bastante- mintió, mirando a su hermano a través del reflejo. Se miraba porque, especialmente en noches como esa, no se reconocía entre los Aeter.

Rato después, ambos hermanos llegaron al gran comedor, donde ya esperaban todos los demás en pie tras los respectivos asientos. La sala estaba decorada como el resto del castillo, con blancas paredes de marmol, espejos y lámparas de plata colgados en las paredes iluminando la estancia con suavidad y calidez mientras que una inmensa mesa oscura presidía el centro de la sala, rodeada por sillas de, igualmente, color de plata de alto respaldo para acomodar la espalda y la cabeza de cualquier tipo de persona que se sentara en ella. Esa noche, a su vez, contaban con invitados extra. Nero descubrió velozmente el rostro de Nashra, su jovencísima esposa. Junto a ella, estaba Stelaris y su esposo Reven, que al igual que Nashra, era de una de las familias vasallas. Se le distinguía entre el resto por su piel oscura y su enormísimo atractivo. Siguiendo el hilo en torno a la larga mesa rectangular, se hallaba Lucce, el hueco en el que estaría la aún ausente Anya y el hueco de Vian, finalmente colindando con la reina y Helion, que era el único que ya se encontraba sentado, ajeno a cualquier tipo de desconsideración: era el rey y hacía lo que le daba la gana.
-Llegáis tarde- dijo Selana con una falsa sonrisa para Nero.
-Me he entretenido un poco- se excusó el joven.
-Nashra, tu esposa, debería de haberte ayudado- carraspeó Selana.
-Entonces no deberías haber mandado a Vian en su lugar- contestó Nero con algo de impaciencia. Vian igualmente suspiró llegando con dificultad hasta su asiento mientras Nero se colocaba junto a Nashra.
-Imagino que enviar a Nashra hubiese supuesto un... entretenimiento... adicional- rió Reven, acompañado por Helion.
-Imagino que sí- agregó Selana con un tono mordaz -Lo lamento profundamente, Nashra. Quizá habrías disfrutado de ese entretenimiento- la joven no sabía hacia donde mirar con la constante y clara alusión al sexo entre ellos. Pese a que evidentemente compartían habitación, Nero la envió antes de tiempo al comedor para estar solo, pero Selana se lo impidió enviando a Vian para mostrar autoridad.
-Falta nuestra invitada- señaló el rey -¿Alguien sabe si ha habido algún problema?-
-No es necesario alarmarnos- dijo Selana apresurándose a tomar, aunque de pie, la copa de su bebida. Era la única que tenía un fuerte alcohol en su copa, llamado Kosmic, un derivado propio de aeter que recordaba al vodka Carstad al ser transparente como el agua pero capaz de tumbar al más aguerrido bebedor de cualquier reino... salvo a ella -Seguro que llega enseguida-

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