Nero
El viaje empezaba a ser aburrido por parte del príncipe y no solo por el hecho de que la noche ya había llegado prácticamente sobre sus cabezas y habría que empezar a detener el avance. Era aburrido, además, por el silencio. De lo poco que sabía de Anya intuía que era una chica amable y habladora, pero no con él, no en ese viaje. Pensaba y no se equivocaba que realmente era él el que causaba semejante ambiente de incomodidad y silencio debido al hecho de que era la primera persona en el ranking de Aeter de personas silenciosas, bordes y distintantes. Lo era con Nashra, a fin de cuentas ¿Cómo no serlo con alguien más?
-Alteza, creo que será mejor detenernos por hoy- dijo Logan, desviando el coche del camino e internándose, seguido por los otros vehículos de la guardia, hacia el interior del bosque que estaban atravesando.
-Bien- asintió, distraido, mirando como através de la ventana los árboles y matojos se sucedían en montones uno tras otro. El coche daba pequeños botes y balanceos mientras más se internaba, seguramente por piedras y raices. Anya se sostenía con seriedad al asiento tratando de no golpearse la cabeza con el techo o el cristal. Nero la observaba divertido -¿Pocos resaltos en Carstad?- preguntó con media sonrisa.
-Demasiados- contestó ella, bufando -Por eso los detesto-
-Vaya, la princesa tiene sentimientos después de todo-
-¿Qué?- ella le miró. Se desconcentró de la tarea de sujección y se golpeó de forma contundente conta la puerta. Nero empezó a reir ¡A reír! Era la primera vez que lo veía desde que había llegado y ya era un logro bastante notable.
-Creo que es la primera vez que muestras molestia u odio hacia algo. Empezaba a pensar que eras como Aris, o Nashra- explicó mientras el coche finalmente se detenía.
-Aquí estaremos seguros de miradas indiscretas, príncipe Nero-
-Bien ¿Logan, no?-
-Sí, señor-
-Distribuye los glifos, por favor. Encenderé un fuego para no helarnos aquí en medio-
-Como ordenéis- todos bajaron del coche casi al unísono tras aquellas palabras. La brisa húmeda del bosque azotó el rostro de los presentes de forma desagradable. Lentamente, comenzó a calar incluso hasta los huesos. Anya era la única que no se mostraba molesta ante el frío.
-Parece que he vuelto a casa- masculló
-Aeter es inestable, a veces- explicó Nero, agachándose para coger unos cuantos palos de madera esparcidos por el suelo del bosque. Cuán llamativo resultaba ver a un príncipe haciendo el trabajo sucio mientras los soldados simplemente repartían piedras glifo en torno a ellos dibujando un amplio círculo -Y más cuanto más nos acerquemos al mar. No nieva, pero el ambiente húmedo es gélido en las noches-
-¿Estás... bien? ¿Qué haces recogiendo palos del suelo tú mismo?- Anya estaba confusa. Juraría que en palacio ni un solo miembro de la familia se había agachado a coger algo del suelo desde que llegó.
-No se lo digas a Selana, ni a Vian. A nadie, en resumen- suspiró cuando terminó de amontonar madera en una zona lo más alejada de árboles posible -Pero me gusta hacer las cosas por mí mismo, para variar. Aprovecho siempre que estoy fuera para poder desatarme las cuerdas de la nobleza y el reino- chasqueó los dedos en dirección a la pila de madera y una chispa saltó de su mano hasta la misma, restallando en un fuego que comenzó a arder con calidez acogedora.
-¿Montamos la tienda, señor?- preguntó Logan.
-Sí, móntalo todo- los glifos ya brillaban tenuemente como estrellas tímidas en el suelo mientras los guardias disponían sillas y lonas para dormir por el suelo. Las dos primeras sillas las pusieron para Anya y Nero, los cuales terminaron por sentarse.
-Fuego- observó la chica -Mi padre me contaba cuando era pequeña que era en Branna los maestros del fuego, los señores de las llamas- trató de contener sus emociones al decir aquello -No estaba segura de si vosotros, en Aeter, podíais dominarlo por igual- los anaranjados destellos de la hoguera arrancaba brillos feroces a los ojos de la chica. Nero se perdió en esos destellos por un momento mientras la observaba.
-La magia es universal, como imagino que también ha podido contarte Vlad- Nero dirigió su mirada al fuego -No hay una especialidad. Bien era sabido por Aeter que Branna era capaz de dominar la magia a todos los niveles como nosotros. La diferencia, que la había, es que sus capacidades para el elemento más salvaje y destructivo, el fuego, iba más allá de nuestros conocimientos. Quiero decir con esto que soy capaz de encender fuegos, como has visto y soy capaz de quemar este bosque hasta los cimientos, pero para ello tengo que generar una chispa, una bola de fuego... llámalo como quieras. Los Branna podían incinerarte con sólo mirarte, según dicen las historias. Los más duchos en la magia de fuego podían sólo pensar en que te volvieras cenizas y allá ibas, reducido a la nada, solo polvo blanco mientras llamas rojas como la sangre te devoraban. Y claro está, nunca podría detener el fuego de los Branna ni combatirlo con mi propio fuego- tomó una ramita pequeña y la arrojó al fuego. Éste chisporroteó lanzando ascuas al aire.
-Terribles, esos Branna- susurró Anya con los ojos clavados en las llamas.
-Guerreros, como nosotros. Como los Carstad- Anya le miró -No eran más terribles que nosotros mismos. Protegían su tierra, sus costumbres; su gente-
-Vaya... No pensé que uno de los príncipes del reino de Aeter hablase del viejo enemigo como si no los odiase-
-Nunca he odiado a nadie- tomó otra ramita y la arrojó -Apenas era un niño cuando Branna desapareció, pero nunca les odié pese a la propaganda y las noticias. Si decían y clamaban que estaban matando a nuestro pueblo y calcinándolos... Digamos que yo siempre entendí que se defendían, como nosotros nos defendíamos-
-Pero para que ellos se defendieran alguien debía atacar. O para que Aeter se defendiera ellos debieron atacar primero- comentó Anya, apretando los nudillos hasta alcanzar el dolor.
-Me temo que esa es una historia demasiado vieja para mí- sonrió tristemente Nero -Y poco importa. Ya no están-
-Es cierto. Era una situación banal la que estaba pintando con mi comentario. Lo lamento-
-No lo lamentes- Nero volvió a mirarla -Eres la primera persona que conozco que se ha hecho semejante cuestión desde que tengo uso de razón. Quizá es más fácil verlo de esa forma cuando Carstad no formó parte del conflicto pero... Que sepas que apreció que seas capaz de verlo desde otro ángulo- Anya le sonrió, pero no evitaban las crecientes ganas de arrojarlo al fuego que él mismo encendió. Aún así, era de valorar que Nero no parecía considerarlos precisamente unos enemigos... Ese muchacho seguía siendo un completo misterio ¿En qué bando estaba? ¿De qué lado se posicionaba?.
-Cuidado- la voz de Logan sonó de pronto, rompiendo el sosiego del campamento improvisado. Varios soldados ya dormían, pero Logan hacía guardia -Mantened la calma y no hagáis demasiado ruido- masculló, acercándose a ambos príncipes -Apagad la llama, mi señor- pidió a Nero y éste obedeció. No hizo el más mínimo gesto y el fuego se apagó ahogado en un charco de agua que parecía haber aparecido de la nada. Anya lo comprobó con fascinación, pero era una sencilla estimación: si los Branna podían crear el fuego de la nada, los Aeter podían crear agua de la nada.
La advertencia de Logan no era gratuita, pues pese a que estaban cubiertos por los glifos, era menor no llamar en exceso la atención de las sombras. El hombre contaba con un muy buen ojo para detectarlas en la oscuridad y no era para menos. Conforme se acercaban, más fácil era diferenciarlas de la negrura habitual de la noche -Se acercan- susurró el soldado, hincando rodilla junto a los príncipes -Moveos lo menos posible, altezas- recomendó a ambos -Saben que estamos aquí, saben que no pueden pasar, pero si les provocamos...- mientras hablaba, un sin fin de siluetas humanoides oscuras, danzantes y ondulantes como si estuviesen hechas de humo, flotaban de forma inerte al rededor de la cúpula mágica que creaban los glifos de protección. Nero las había visto en grabaciones y fotografías, en noticieros, pero nunca en persona. No dijo nada, pero de haber salido palabra alguna de su boca habría reconocido que estaba helado de terror, pues eran abominables y aterradoras. Lo peor fue cuando mostraron inteligencia al extender la mano hacia ellos hasta que alcanzaron el límite mágico de los glifos. La magia de estos rechazó a aquellos que alcanzaron el límite de la barrera y el bosque se llenó de susurros, alaridos y gañidos del inframundo, aterradores, chirriantes, huecos, carentes de toda emoción que no fuese ira desatada, desasosiego y terror. Eran lamentos a la vez que aullidos de odio. Eran una amalgama indescifrable de agonía, el miedo personificado. Nero no pudo evitar taparse los oídos y Anya lo vio de cerca en él, esa expresión: sus ojos claros muy abiertos con la vista clavada en el suelo para no mirarles. Miedo. Nero estaba aterrorizado ante aquellas criaturas, y no era para menos. Llamativamente para la chica, el enorme número de sombras que se estaban congregando alrededor de la cúpula mágica extendían sus manos hacia los soldados que dormían ajenos al horror que les acechaba fuera y hacia Nero, pero ella parecía estar, en principio, lejos de su interés ¿O era solo un fallo en su percepción? -Parece que los glifos funcionan bien- suspiró Logan tras todo ese rato comprobando que no atravesaban la barrera -Altezas, haced acopio de fuerzas y dormid. La noche es larga y estos demonios no se irán. Aprended a ignorarlos. Aún nos queda medio día de viaje al alba- aclaró y se dirigió finalmente a la lona de los soldados, quedando solo dos tiendas libres, una para cada uno de los nobles.
-¿Estás bien?- Anya se atrevió a posar su mano en el hombro de Nero para transmitir fingida cercanía.
-S-sí...- susurró, recuperando la compostura. De pronto, era el mismo de siempre. Era capaz incluso de mirarlos, aunque no sin cierto reparo.
-Será mejor que durmamos Nero. Tenemos que ir a por la medicina de Vian y no podemos distraernos- aclaró la chica poniéndose en pie y marchando a dormir. Se detuvo, sin embargo, al no sentir que Nero se fuese a su tienda -¿Nero?- el príncipe se había levantado y los miraba de cerca, muy cerca. Él también estaba al límite de la barrera. El miedo que le causaban esas criaturas estaban empujándole a tener un valor estúpido. Anya, sin embargo, no encontró motivos para impedirle hacer esa tontería.
-¿Alguna vez has pensado qué son exactamente?- preguntó a la chica, alejándose nuevamente de la barrera.
-Son... ¿Demonios? No lo sé- suspiró, abrazándose a sí misma como si tuviera frío.
-Ya... Yo tampoco lo sé- concluyó -Buenas noches Anya- dijo sin más, sin siquiera mirarla. Repentinamente y sin más después de ese pequeño instante de terror que le invadió durante un mmento había vuelto a ser el mismo Nero severo, serio y distante que conoció en cuanto llegó a Aeter. Era la forma de hablar, la forma de no mirar cuando se expresaba, el porte a la hora de caminar, la frialdad que emanaba de él... ¿Qué le pasaba a ese hombre exactamente? ¿Quién era, de las dos personalidades que estaba empezando a conocer, el verdadero Nero?
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