Nero
Tras encontrarse con Logan, los tres regresaron a la casa del médico de Ocian. Allí les esperaba el hombre una cajita preparada, lo bastante grande como para que se pudiese llevar en una mano.
-Todo listo, Alteza- suspiró el hombre visiblemente cansado.
-Creo que ha sido algo precipitado ¿eh?- comentó Nero.
-Precipitado no, pero es evidente que no os quería hacer esperar demasiado. A juzgar por vuestra ausencia, puedo adivinar que os habéis aburrido de esperar-
-¿No te aburrirías tú?- Nero se encogió de hombros, quitándole hierro al asunto.
-Yo no me atrevería a decir que me aburriría de esperaros, señor- asintió el médico.
-Dilo- asintió Nero -Habla con franqueza. Yo no soy Selana- escupió de mala gana, denostando lo poco que le gustaba su "madre".
-Está bien, está bien... Yo también me aburriría. Es así. Todos somos humanos, supongo-
-Algunos más que otros- sonrió Nero entregándole al médico una bolsita.
-¿Y esto, señor?-
-Un pago-
-Pero la casa real hace el ingreso cada vez que...-
-He dicho que es un pago- gruñó Nero -No vuelvas a decir nada al respecto-
-S-sí, señor... Mil gracias, señor- el médico le dio la bolsita a su criado y éste se la llevó.
-Logan, guarda esto- se lo tendió y éste extendió la mano. Nero alzó la caja del alcance de Logan con un rápido gesto -Con tu vida- matizó.
-Por supuesto, Alteza- asintió el soldado mientras cogía la caja para que Nero echase mano al teléfono móvil. Con un rápido marcaje estableció la llamada. La seca voz de Selana se dejó oír incluso por encima de la oreja de Nero, permitiendo que Anya y Logan la oyesen hablar.
-¿Está ya lista la medicina?- preguntó la reina al otro lado de la línea.
-Sí, ya está. Como pediste, te aviso. Pasaremos la noche aquí, pues el sol está ya bajo. Nos pondremos en marcha a priemera...-
-Vian no puede esperar- tronó la voz de la reina, tosca y enervada -Está muy enfermo. Ha emperado bastante desde que os marchasteis- inquirió -Quiero esa medicina aquí cuanto antes, Nero-
-Es fácil exigir, Selana- la voz de Nero sonó exasperada, haciendo un completo esfuerzo por mantener la calma y no llegar más lejos mediante el uso de malas palabras. Anya y Logan se miraron mientras el príncipe conversaba -Si tanta prisa tienes, envía una aeronave-
-¿Aeronaves? ¿Quieres que todo el populacho se entere de que algo ocurrre en la familia real? No seas ingenuo, muchacho. Además, nisiquiera es seguro volar de noche. Las sombras llegan donde ningún humano puede llegar- tras oír las excusas, la mano de Nero se apretó en torno al teléfono -Poneos en marcha, ya- ordenó y colgó la llamada. Nero miró la pantalla del teléfono en la que se indicaba que la conversación había acabado.
-¿Todo... bien?- quiso saber Anya, inclinándose inocentemente hacia delante.
-Todo bien- concluyó Nero -En marcha, nos vamos- dijo secamente mientras se dirigía hacia la puerta.
Con la cercanía de la noche, comenzaron a llegar nubes. El cielo, hacía unos momentos hermoso y anaranjado, acompasado con el mar de fondo, poco a poco se tornaba una amalgama de incesantes cúmulos sombríos que no parecían presagiar nada bueno. Al menos, eso le parecía a Nero, que no apartaba la vista del cielo mientras se dirigían al coche.
-¿Realmente está todo bien?- quiso saber Anya mirando igualmente al cielo.
-Sí. Es sólo que tengo un mal presentimiento- se rascó la nuca Nero.
-¿Os asusta un poco de agua, señor?- se permitió reír Logan.
-En Aeter a nadie le asusta el agua- apuntó Nero con un suspiro -Quizá sea solo el hecho de soportar la voz de Selana en el oído...-
Llegaron finalmente a los vehículos y soldodados comenzaron a montar en sus respectivos coches mientras que Nero se preocupaba de guardarse bien la caja en el traje tras pedírselo a Logan, dado que ese extraño sentimiento le hacía volverse mucho más precavido. Estaba más que visiblemente inquieto cuando cerró la puerta al sentarse atrás junto a Anya.
-No quisiera meterme donde no me llaman- masculló Anya -¿Pero hay... problemas con su alteza la reina?- preguntó con tono dulce mientras los vehículos se ponían en marcha.
-Yo no diría problemas- dijo Nero distraido, viendo como pequeñas gotas empezaban a mojar el cristal de la ventana -Para tener problemas con alguien primero debes tener una relación ¿Entiendes? Entre ella y yo directamente parece que ni existe. No, me corrijo: no existe- bufó -Ni siquiera la llamo madre-
-Me... me he percatado- contestó Anya, mirando por su respectiva ventana.
-Empieza a llover a mares, señor- comentó Logan.
-Prosigue. Solo faltaría que nos detuviésemos por algo de lluvia. Selana nos mandaría a despellejar...-
-¿Y si aparecen las sombras? Ya prácticamente está anocheciendo-
-Avancemos un poco más. Apuremos al máximo-
-¿Arriesgamos la vida de la princesa Anya, señor?- preguntó mirando a través del retrovisor. Nero miró a la chica y la chica le miró a él. Finalmente, el príncipe apartó la vista y dejó que se perdiera nuevamente através de la lluvia en el cristal.
-La vida de Anya peligra desde que llegó, igualmente- ese comentario no pasó por alto a la princesa de Carstad ¿A qué se refería...?
No tuvieron mucho más tiempo para avanzar cuando de pronto uno de los coches de los soldados, específicamente el que iba encabezando la marcha, se detuvo de forma abrupta. Logan tuvo que frenar de forma precipitada, haciendo que Nero y Anya se inclinasen hacia delante de forma violenta.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Nero inclinándose hacia delante, apoyándose en el asiento de Logan.
-Creo... que nos han encontrado demasiado pronto- musitó el soldado.
-¿Quién?-
-Esas cosas- señaló con la mano a algún lugar que Nero no consiguió distinguir justo antes de que el coche frente a ellos estallase en una bola de fuego que iluminó por completo el bosque y que comenzó a prender llamas en la hierba pese a la lluvia -¡Será mejor que nos movamos!-
-¡Písale a fondo!-
-¡No, salid!- ordenó Logan, alcanzando con la mirada a Anya -¡Salid!- repitió. Ambos obedecieron afortunadamente a tiempo.
Los oídos le pitaban a ambos mientras que cada uno se encontraba a cada costado del coche que acababa de explotar. Había trozos de piedras glifo esparcidas por el suelo y las armas que había guardadas por el maletero, al igual, se regaban repartidas por todas partes. Afortunadamente para Anya las dagas no cayeron lejos de su alcance y se arrastró por el barro para tomarlas, aunque no fuesen a servir de mucho contra aquellas sombras que se empezaban a formar frente a ella
-Nero...- dijo -Nero... ¿Las ves?-
-Sí...- el príncipe estaba al igual que ella empapado y lleno de barro. Estaba en pie y se acercaba a ella agarrándose el costado, pues había salido un poco lastimado de la explosión -Y esas cosas también nos ven...-
-No quiero morir... Aún no...- musitó Anya arrodillándose en el barro frente a las sombras.
-No vamos a morir aquí- la chica miró a Nero después de que dijera esas palabras. Los ojos del príncipe parecían emitir un destello azulado mientras que a su alrededor aparecían una miriada de diminutas particulas brillantes como polvo estelar. Nero extendió ambas manos hacia cada uno de los lados y una onda de choque invisible empujó a todas las sombras que los rodeaban, difuminándolas y esparciéndolas como si fuesen humo -¡Corre!-
La pareja hizo acopio de fuerza y valor para internarse en el bosque. La lluvia arreciaba y las hojas y ramas de los árboles se agitaban con fuerza y desenfreno empeorando aún más si cabía la travesía por la zona boscosa. Tropezaron varias veces con ramas, setos y piedras hasta que Nero volvió a usar la magia Aeter para crear una esfera de luz brillante, como una luna en minatura reflejando la luz del sol, para permitir ver a unos metros a su alrededor con una luz plateada -¡No te detengas Anya!- pidió Nero presidiendo la marcha -¡No mires atrás!-
-¡Lo intento!- cruzar el bosque era toda una odisea en mitad de esa marabunta de elementos. Las hierbas se enredaban en los pies, la lluvia cegaba la visión y las sombras no se habían marchado; los perseguían incansables como una oleada de oscuridad haciendo zig zag entre la arboleda y extendiendo sus manos tratando de alcanzarlos. Anya trató de zafarse de una sombra que pasaba cerca de su lado apuñalándola, pero la atravesó como el humo que parecía ser. Entonces el inexpresivo y vacío rostro de la sombra pareció mirarla.
-¡Cuidado!- Nero se detuvo y lanzó de nuevo la misma onda de choque para apartar a la sombra de Anya -Las armas físicas no le harán daño- dijo apresurado, tocando las dagas de la chica. Automáticamente, éstas comenzaron a destellar con el mismo tono plateado que la luz mágica que había creado Nero. Sin embargo, en el rostro de este se comenzaba a apreciar un enorme cansancio.
-¿Nero? ¿Estás bien?-
-Dame un segundo...- pidió sin aliento terminando de pasar su magia a las armas de la chica, que no sólo destellaban sino que un número de runas se dibujaron en las hojas, cargadas de magia. El príncipe cayó arrodillado al suelo.
-¡Nero!-
-Encantar armas...- rió -Nunca se me dio demasiado bien. Es muy... agotador- se apoyó en la chica cuando ésta le ofreció la mano para que se levantara.
-Creo que no es momento de risas...- observó la chica mientras las sombras volvían a congregarse a su alrededor tratando de dejarles sin escapatoria.
-Corre- dijo Nero -Vete y busca el camino a Aeter. Las retendré-
-De todas las cosas que podía esperar de alguien como tú, hacerte el héroe era lo último que te pegaba- bufó Anya.
-¿Esperar de mí?- la miró -¿Qué se supone que tienes que esperar de mí?- ella le devolvió la mirada -Además no es hacerme el héroe- se apartó de ella, sosteniéndose por si mismo -Es cumplir con el mayor de los deberes y el primero que debo cumplir: proteger a los demás- extendió una mano y utilizó de nuevo su magia convocadora, dibujando en mitad de la nada la silueta de una espada de doble hoja que se materializó en su mano y que blandió con maestría. Al igual que las dagas de Anya, el arma comenzó a brillar con un aura plateada -Vete. Podré retenerlas-
-Si eres tan fuerte como para retenerlas, ven conmigo- contestó Anya -No te lo podré pedir otra vez, Nero- el príncipe la miró y luego sopesó las posibilidades. Miró a su alrededor y comprobó dolorosamente que en efecto eran demasiadas y cada vez eran más. Finalmente, llegó a la conclusión de que debía hacer caso a Anya.
-Entonces corramos- dijo el príncipe no sin antes extender el brazo hacia detrás -¡Ahora!- antes de huir con Anya, lanzó su espada de doble hoja de forma horizontal, haciéndola girar como una cuchilla cargada de magia. Las hojas encantadas comenzaron a cortar a las sombras como si estuviesen hecha de carne, una vez más, diseminándolas en el ambiente. Durante la huida, Anya hizo también uso de sus habilidades para cortar y cercenar a las sombras que se interponían en el camino de ambos, cubriendo a Nero que corría tras ella tras haber lanzado su arma para cubrir el flanco trasero. Un salto, una finta, un paso lateral y un corte: así era como Anya sabía utilizar las dagas y Nero podía comprobar con enorme sorpresa, una vez más, la habilidad de batalla de aquella chica tan joven y misteriosa. No obstante, la lluvia seguía cayendo sobre ellos de forma inclemente y entorpecía por igual sus pasos y su visión. Tanto fue así que no vieron el saliente que cambiaba el relieve del bosque, haciéndolos caer a ambos colina abajo tras un tropiezo. Rodaron y rodaron por el fango y la hierba hasta que alcanzaron de nuevo la planicie, dejando atrás a las sombras durante unos instantes. Nero estaba demasiado cansado y entumecido por la explosión y el gasto de energía mágica como para levantarse rápido para huir, de forma que tuvo que ser Anya quien le ayudase. Al contemplar sin embargo el estado del príncipe, tuvo que mirar a su alrededor para buscar la forma óptima para poder sobrevivir a aquella aciaga noche, pues no había forma alguna de que nada pudiese matarla aún. Tenía demasiadas cosas que hacer.
-Mira Nero- apuntó -Allí... Eso es una cueva-
-Bien... Vamos-
-Pero si nos encuentran allí...-
-Esto bastará...- del bolsillo de su traje de batalla extrajo un trozo de piedra glifo. Aunque estaba rota, la runa de protección seguía intacta y titilaba aún con magia -Podrá cubrir la entrada...- dicho aquello, la pareja de fugitivos se encaminaron hacia aquella pequeña cabidad.
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