miércoles, 28 de agosto de 2019

Selana

La retransmisión televisiva de la visita de los príncipes no se hizo esperar demasiado. Selana estaba en el despacho de Helion, haciendo compañía al rey, impaciente por ver los resultados y las opiniones públicas al respecto. El rey se encontraba sentado en su sillón tras la mesa mientras que Selana estaba reposando su cuerpo sobre el borde de la mesa con su característica copa de kosmic en la mano, impaciente. Los noticieros hablaban y hablaban, así como los típicos tertulianos que estaban deseando dejarse la piel en analizar el vestido de los príncipes y, claro está, dando especial atención a la hermosa Stelaris.
-¿Qué podemos decir? Es la belleza personificada- dijo uno de los tertulianos, de mediana edad y con enormes gafas de pasta.
-La clase de la princesa solamente podía ser heredada de su majestad la reina- comentó una de las mujeres tertulianas. Todos estaban distribuidos en semicírculo con una enorme pantalla con una fotografía de Stelaris detrás, recién tomada de la visita. Selana sonrió al oír el halago de los presentadores.
-Pero no es solo la clase, es su presencia. Por el amor de Leviatán y la gloria de todos sus súbditos- apuntó otro, mucho más joven, llevado seguramente por las hormonas -¿Pero la veis bien? Pueblo de Aeter, os hablo directamente a vosotros desde la red ¿¡La habéis visto bien? Esas piernas, esas caderas, esas curvas de infarto, esos...- se llevó la mano a la altura del pecho.
-¡Por los cielos, Lowel!- clamó el presentador principal, el de mediana edad y gafas -Compórtate muchacho, que estás hablando de la princesa- Selana se reía a carcajadas ante la reacción del jovencito. Tenía pinta de novato.
-Pido disculpas- dijo el chico levantándose de su asiento. Se repeinó sus perfectos cabellos hacia un lado y se ajustó el elegante traje de chaqueta rosa que llevaba puesto -Pido disculpas a todos quien nos estén viendo y en especial a la familia real por si mis palabras les han podido ofender. Pido excepcionalmente disculpas a la princesa Stelaris y a su más que maravilloso esposo Reven. Pero...- hizo una pausa dramática -Creo que hablo en nombre de todos los hombres heterosexuales o bisexuales de Aeter, además de las mujeres homosexuales o bisexuales de este reino ¡En nombre de todos, por Leviatán! Si digo y aclaro aquí y ahora que Stelaris es la mujer con la que todos soñamos: desde el simple hecho de compartir la mañana con una hermosa y dulce sonrisa, pasando por pasar la tarde con una compañía divertida y acabando por no dormir durante noches enteras con un cuerpo de infarto en la cama- la televisión se convirtió en un enorme revuelo a partir de esas declaraciones mientras que Selana no hacía más que reír divertida.
-¿De verdad encuentras gracioso semejante comentario lascivo hacia tu hija?- preguntó Helion aburrido, mirando viejos mapas y moviendo viejas figuritas por encima, haciendo planes.
-Aris ha nacido para eso, Helion- dio un sorbo la reina y lo degustó, viendo como los tertulianos parecían monos de feria discutiendo sobre si era legal o no aquello que el tal Lowel acababa de decir.
-¿Para que hablen de sus pechos?- el rey miró a su esposa de forma distraida.
-Para cautivar a toda una nación. Desde que salió de mis entrañas y vi sus ojos...- Selana entornó la mirada, recordando -Oh, señor...- cerró los ojos con nostalgia -Esos ojitos brillantes, dulces y graciosos... Sabía que mi niña sería, de lejos, el mayor terror de las esposas y maridos de Aeter-
-Veo que te está saliendo bien entonces el pequeño monstruo- rió Helion volviendo a sus figuritas.
-Más que bien-
-Quizá deberíamos haberla casado a ella con Anya- bromeó.
-¿Y que los Dusk nos odien por abandonar a su mayor orgullo, Reven?- bufó Selana -Por favor, Helion...-
-Dudo que Reven se opusiera a tener dos esposas-
-De eso estoy segura, son tal para cual...- bebió de nuevo, pensando en el matrimonio.
-En cualquier, volviendo a ese tipo- Helion señaló a Lowel en la televisión -Procuraré que reciba un mensaje sobre cómo se debe hablar de la familia real-
-Eso solo hará que hablen más del tema-
-De eso se trata ¿no?- sonrió Helion.
-Oh...- se sorprendió Selana gratamente -Parece que mi maridito está aprendiendo de la terrible arpía que tiene como mujer-
-Quien comparte colchón...- recitó Helion.
-Es lo único que compartimos a fin de cuentas- concluyó Selana.
-¡Y ahora pasemos a hablar de la dulcísima y prominente princesa de Carstad, Anya! Otra figura que también nos ha arrebatado el aliento con su encanto y, por qué no decirlo, descaro a la hora de tratar con las cámaras-
-¿Descaro...?- Selana se inclinó hacia delante y Helion miró a la pantalla de nuevo. Allí apareció todo cuanto Anya hizo en la puerta del orfanato, sus amables declaraciones que no hubo que destacar... hasta que se quitó los zapatos. Finalmente, el escándalo llegó de nuevo a plató cuando acabó sus palabras hablando sobre la falta de seguridad de Aeter.
-¿Qué nos ha querido decir Anya con esto?- preguntó el presentador.
-¿Se referirá a fuerzas invasoras? O quizá a las temibles sombras que asolan el exterior ¿Somos vulnerables y lo ignoramos? ¿Nos oculta algo la familia real?- preguntaba una tertuliana buscando atención y debate.
-También podemos destacar la belleza de Anya ¿Soy el único que cree que, aunque quizá no tan voluptuosa, puede competir en encanto con Stelaris?- prosiguió Lowel con su tema favorito. Para Selana, sin embargo, las voces eran solo ecos lejanos ininteligibles debido a la ira que la estaba invadiendo.
-¿Quién... se cree que es...?- estrelló el vaso contra el suelo. El kosmic se extendió por todo el lugar -¿¡Cómo se atreve a decir tal cosa y luego comportarse como una pordiosera cualquiera quitándose los zapatos de esa forma!?-
-Esa chica es buena...- señaló Helion.
-¿¡Pero qué diablos hablas!? ¿Buena? ¡Esa zorra va a casarse con Vian y acaba de poner en entredicho nuestra autoridad y sinceridad para con el pueblo!- Selana estaba fuera de sí.
-No es tan difícil de analizar, Selana. Templa los nervios. Se ha comportado abiertamente diferente a Lucce y Stelaris ante las cámaras y lo sabe. Se ha comportado abiertamente distinta a como se comporta aquí, frente a nosotros. Eso que ha hecho es un mensaje-
-¿Un... mensaje?- bufó Selana.
-Un mensaje a la nación. Está dando a ver lo diferente que es de nosotros, aún siendo parte de la familia. Está enseñando precisamente el futuro al pueblo-
-Futuro...- repitió la reina, tratando de contenerse.
-"El futuro es tan humano como vosotros, tan humilde y tan poco divino que también sufre de los pies y es capaz de entender que hay cosas que arreglar en cuanto a gestiones, pues no somos perfectos"- recitó
-¿Cómo eres capaz de entender eso y no simplemente que es una idiota que no ha sabido comportarse?-
-Porque antes que rey de un pueblo iluso, soy un estratega militar- Helion sonrió complacido -Esa chica no te gusta ¿no es así?-
-Ahora menos que antes-
-Pues a mí me gusta más- Helion tamborileó con los dedos sobre la mesa -Va a ser divertido verte lidiar con ella-
-¿Yo? Te recuerdo que eres el rey y que Vian es tu heredero. Y en breves va a casarse con esa niñata que acaba de lanzarnos un guante-
-Pues recógelo, Selana. Yo sé bien que soy el rey, pero tú pareces perder los papeles como si no fueras la reina. No dejes que una jovencita inexperta deje en entredicho a la familia real. Este, el de la manipulación, es tu campo- señaló el rey sin preocupación alguna.
-Es... Es verdad- suspiró pesadamente y se recogió los cabellos, arreglándoselos -No puedo permitir que algo así vuelva a suceder-
-Estás demasiado susceptible ante esa chica desde que llegó-
-No me da buena espina, es todo-
-Es una niña, Selana. Como Nashra, solo algo mayor-
-No... Nashra es un conejito blanco y esponjoso, dulce y adorable. Nashra es manipulable como la arcilla, moldeable y fácil de dirigir. Su ciego amor por Nero la hace débil. Esta niña, Anya...- Selana miraba fijamente la imagen congelada de Anya en la televisión -Tiene un aura muy distinta. Si debo compararla con alguien... sería con Nero- entendió la reina que ese sería el mayor de sus problemas, si ambos terminaban juntándose más de la cuenta.
-Tu archienemigo...- se burló Helion entre risas.
-No pongas a prueba mi paciencia con bromas, Helion- amenazó Selana, ignorando que estaba tocando la única tecla que no debía tocar.
-¿O qué?- Helion cambio de aire y se volvió serio e igualmente amenazante. Se puso en pie y se puso frente a Selana con paso lento y calmado -Entiendo tu enfado, mujer, pero no olvides tu lugar aquí. Amenaza a toda la nación si te place pero no se te ocurra volver a hablarme en ese tono- la voz grave y cavernosa del rey hizo que Selana por primera vez en mucho tiempo tuviera que bajar la cabeza en obra de sumisión.
-Lo lamento, querido. Es solo...-
-No hay lamentos, Selana. Ni excusas. No toleraré ese tono a nadie, ni siquiera a ti. Desquítate de la forma que te plazca pero lejos de mi vista- concluyó, enfadado.
-Sí, alteza- asintió Selana, empequeñecida ante el poder de Helion, que sabía que era inabarcable para ella y que no podía desafiarle. Procedió pues a marcharse, pero en cuanto agarró el pomo de la puerta, Helion dio un golpe en la mesa que la hizo congelarse en el sitio.
-Voy a acabar de hacer lo que tengo que hacer aquí, Selana. Tú anuncia de una vez la fecha de la maldita boda y deja de retrasarlo de forma estúpida con tus tejemanejes. Llama a Vlad y anúnciale por igual la fecha y que está cordialmente invitado, él y toda la familia de sus vasallos, a compartir el felicísimo enlaze de la princesa Anya con Vian-
-Sí, señor-
-Y cuando acabes ve a la habitación- al decir aquello Selana miró por encima del hombro al rey. Si sombría figura estaba recortada contra la luz que entraba por el enorme ventanal a sus espaldas -Creo que tengo ganas de que te disculpes como es debido-
-Sí... señor- concluyó para pasar por el umbral y cerrar la puerta lentamente desde el otro lado, con la frente apoyada en la misma.
-Majestad- la voz de Reven la alcanzó por la espalda y ella se giró con suma paciencia y lentitud -Vaya ¿Os encontráis bien?- observó el hombre mientras Selana componía la sonrisa más artificial que había compuesto en mucho tiempo.
-Perfectamente ¿Vienes a tratar con Helion?-
-Sí, mi señora-
-Pues adelante- invitó con un gesto de la mano -Yo tengo que anunciar la fecha, por fin, del gran evento-
-Maravilloso, ya era hora- rió Reven.
-Sí... Era hora- contestó la reina, robótica. Reven entonces extendió el brazo y abrió la puerta.
-Majestad, estoy aquí-
-Pasa, hijo- contestó la profunda voz de Helion desde el fondo.
-Hasta luego, mi reina- Reven pasó y cerró la puerta.
-Adiós- contestó Selana emprendiendo el paso controlando el enorme abismo de furia que había en su interior -Y cuida de tu espalda, maldito zopenco, el hijo de puta de tu rey hoy tiene ganas...- gruñó como una leona mientras si figura se difuminaba en la oscuridad del pasillo.

Lejos, a muchísimos kilómetros, una llamada alcanzó el despacho frío y apagado de Vlad Carstad. Una de tantas sirvientas le llevó el teléfono, algo rústico, sobre una bandeja a su señor. El emperador estaba revisando unos planos en una graciosa y oportuna ironía a lo que estaba haciendo en aquellos momentos Helion en la otra punta del continente cuando la puerta se abrió de forma imprevista.
-Gran Señor- dijo la muchacha. Era joven y de piel blanca como una muñeca de porcelana. Así el gustaban a Vlad -La reina Selana Aeter quiere hablar con vos-
-Pasa, Lydia- dijo el emperador haciendo que la muchacha cruzara el enorme habitáculo hasta alcanzar a Vlad. Le dejó el teléfono sobre la mesa y éste la miró -No te has pintado los labios hoy de rojo- observó el hombre.
-S-se me acabó, Gran Señor- se excusó visiblemente nerviosa.
-Ten- de uno de tantos cajones, extrajo un simple billete que excedía por mucho el precio del maquillaje más simple que usaba el servicio femenino de la casa. Se lo entregó a la chica, que dubitativa, no supo cómo actuar -Tu emperador te está dando amablemente dinero, Lydia. Cógelo-
-Sois... muy amable, Gran Señor. Mi familia necesita...- fue a coger el dinero pero Vlad abrió la mano y éste cayó al suelo -Oh, lamento mi torpeza...- se quejó la chica, miedosa. Se agachó para coger el dinero y desde esa perspectiva Vlad pudo echar un más que gustoso vistazo a su escote. Pese al frío que hacía en Carstad, obligaba a que las chicas vistiesen un poco más reveladoras por razones "estéticas". Lydia tomó el billete con una triste sonrisa hasta que se dio cuenta de hacia dónde miraba el emperador -¡Oh, Gran Señor!- se asustó, subiéndose el traje de servicio con la mano para taparse.
-Date la vuelta, Lydia- ordenó
-P-pero Gran Señor, la llamada...-
-Date la vuelta...- repitió con poca paciencia. La chica obedeció y Vlad coló la mano por debajo de la falda. Se entretuvo unos buenos minutos en ponderar la calidad de las nalgas de la sirvienta mientras esta sollozaba -¿Qué decías que necesitaba tu familia?-
-N-no es nada...-
-Di- ordenó nuevamente.
-La situación... económica...- le costaba hablar con el manoseo del emperador -Empieza a ser algo precaria y...- se le rompió la voz. Se sentía sucia e insultada como nunca.
-Ya veo- Vlad sacó la mano, satisfecho con el producto. Se acarició los dedos y la miró de nuevo -Llámales y diles que has sido ascendida a jefa del servicio. A partir de hoy tendrás nuevas labores y tu salario será mayor-
-G-gracias, Gran Señor. Sois... Sois...- era incapaz de decir que era amable. Nunca pensó que los rumores entre las chicas de que el emperador era el mayor monstruo que había conocido Carstad, incluso encima de las sombras, era verdad.
-Vete- ordenó nuevamente y la chica salió de allí como alma que lleva el diablo. Finalmente, el emperador tomó el teléfono. Sabía que estaba descolgado. Selana había oído todo desde el otro lado de la línea -Es un gran placer conversar con vos, majestad- sonrió Vlad.
-El placer es mío- Selana hacía un gigantesco esfuerzo por mantener un tono cortés.
-¿Puedo saber a qué se debe la llamada, alteza real? Estaba un poco ocupado ¿Existe algún problema con mi hija?- preguntó, consciente de lo que Selana pensaría en esos momentos.
-Ninguno, emperador. Vuestra Gran Duquesa es para nosotros un regalo de Leviatán- contestó diplomática y paciente.
-No de Leviatán. Mío, de Carstad- reprendió Vlad.
-Por supuesto, no quisiera desmereceros. El motivo de la llamada es para concretar que dentro de un mes se celebrará finalmente la boda y la unión de las casa se hará oficial a ojos del mundo. Por tanto quisieramos teneros a vos, vuestra familia y a vuestras casas vasallas aquí para celebrar con nosotros tan memorable y único enlace en la historia de nuestra tierra- la voz se Selana sonaba tan amigable que era imposible para Vlad imaginar la mirada de asco que tenía en su rostro en esos momentos.
-Maravilloso. Francamente maravilloso- respondió el emperador -Quisiera ir con unos días de adelanto para tratar con mi hija. La añoro-
-Sin duda. Se os conoce por ser una persona muy cariñosa- el dardo de Selana no pasó por alto a Vlad.
-No sabéis cuanto- provocó el emperador.
-Podría hacerme una idea-
-No. Ni en un millón de años- el ambiente se enrareció y ambos se callaron por unos minutos.
-Como pedís, seréis bien recibido. Estamos impacientes por el enlace-
-Tanto como yo, espero- rió Vlad -Estaremos en contacto, su alteza real. Avisaré con tiempo de mi llegada-
-Como gustéis, emperador. Os esperamos- la llamada finalmente se cortó tras las palabras de Selana. Vlad dejó el teléfono sobre la mesa y en la soledad de su despacho solamente encontró diversión.

El emperador rio y rio durante minutos. Rio hasta que se le oyó fuera, en los pasillos, estremeciendo a todos aquellos sirvientes y soldados a los que sus carcajadas alcanzaron...

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