Stelaris
-Sigue- pidió -¡Sigue!- directamente, suplicó. Le daba igual lo temprano que fuera y le daba igual cuánto se le pudiese oír. Tras la conversación, si se le podía llamar así, que tuvo con Vian en la habitación del enfermo, Stelaris tomó la opción de pasar la noche en el palacio real ya que no se encontraba en condiciones mentales de regresar a su hogar como si nada hubiese pasado. Ante aquel extraño acto, Reven, su marido, se personó bastante temprano en palacio para ir a visitarla y comprobar que todo estaba bien. A ojos del hombre, la respuesta estuvo más que clara: tal y como entró por la puerta, su mujer le tomó del cuello de la ropa y lo arrojó a la cama. En la actualidad, la mujer no podía ni calcular cuánto tiempo llevaban teniendo sexo, pero lo cierto es que estaba extenuada, al igual que Reven, que ya respiraba con dificultad. No obstante, no deseaba parar. Tenía que acabar, tenía que alcanzar un orgasmo liberador, algo que la hiciera sentir bien, un pequeño destello de luz en el abismo que la estaba devorando por dentro y que la asfixiaba y amenazaba con matarla.
-¿Sí? ¿Quieres más?- preguntaba un sonriente y sudado Reven mientras le azotaba el trasero, aferrándola con la otra mano por la cadera. Stelaris se encontraba de espaldas a él apresada entre el cuerpo desnudo de su marido y la pared. Éste la penetraba con vigor y fuerza, dejándose oír el restallido de sus cuerpos con cada embestida.
-Sí, sí- jadeaba la mujer -¡Sigue!-
-Ven aquí- con una vigorosa y masculina demostración de fuerza, la tomó en brazos y la arrojó a la cama. Tendida boca arriba, Stelaris alzó el rostro para ver el mundo del revés, tal y como lo sentía en esos momentos. Su mirada se perdió en la ventana y sus pensamientos volaron al recuerdo de Alek entre sus piernas tal y como ahora se estaba posicionando Reven -Ahora verás, preciosa...- seguía diciendo su marido, que creía estar llevándola al éxtasis. Stelaris aferró las sábanas con fuerza, retorciéndolas, mientras notaba cómo volvía a entrar en ella con fuerza y firmeza. Le agarraba los pechos y se los apretaba con pasión y deseo, le lamía el cuello, el rostro y los labios. Ella gemía con fuerza, gritando. Él jadeaba mientras la penetraba rápido y con fuerza. La cama traqueteaba, la pared temblaba. No debía haber nadie en los alrededores que no los estuviesen escuchando si pasaban por aquellos pasillos, pero daba igual. Todo daba igual.
La contienda sexual continuó un rato más hasta que finalmente, tan dentro de ella como físicamente le permitía el cuerpo, Reven culminó derramándose en su interior y luciendo una verdadera sonrisa de placer en el rostro, mientras que su mujer le miraba, sintiendo el calor de su marido, observando su bello cuerpo y acariciándole el vientre cerca del miembro mientras aún estaba dentro de ella, recreándose en el orgasmo: ella no lo alcanzó. Se maldijo mil y una veces, porque no estaba concentrada. No dejaba de pensar en lo que había hecho y pensó que si volvía a disfrutar de su marido borraría el pecado, pero no. La mancha, la marca de la vergüenza seguía ahí, quemándola por dentro. Y más ahora. La semilla de Reven parecía ser veneno por su puro remordimiento y creía que la iba a derretir por dentro. Se estaba volviendo loca -¿Has disfrutado, querida?- preguntó saliendo, ya sí, de ella. El hombre se puso en pie y estiró la espalda, extenuado.
-Mucho- dijo ella con cierta apatía, mirándose desnuda como si estuviese buscando algo perdido en su piel.
-¿Estás bien?- preguntó Reven mientras se vestía.
-Fantástica- suspiró dejándose caer sobre la cama de nuevo, estirándose toda ella.
-No esperaba menos- se carcajeó Reven -Oye... ¿Qué tienes ahí?-
-¿Qué?- Stelaris trató de disimular enterrando su cara entre los cabellos esparcidos por la cama, pero no. No le pasó por alto sin embargo que durante el enorme tiempo que habían estado teniendo sexo Reven ni siquiera pareció fijarse en la oscura marca que tenía en la cara debido al golpe del bastón de Vian ¿Es que realmente la miraba? Se preguntó de pronto ¿Y si él también tenía la mentre en otra pate, o más bien en otra persona, mientras yacían? Así, le asaltaron mil dudas. De pronto sintió su humor cambiar mientras se hundía más y más en su miseria ¿Y si él le engañaba? La mente se le llenó de preguntas y no fue consciente de que era ella la que se había acostado apasionadamente con otro. Sin embargo, al preguntarse semejantes cosas de Reven, también parecía sentirse mejor consigo misma.
-Tu cara, eso...- Reven quiso apartarle el cabello del rostro, pero ella ya era otra persona en cuanto se acercó. De un manotazo le apartó la mano a su marido, que la miró con sumo estupor -¿Qué haces?-
-Ni se te ocurra tocarme- advirtió con ojos llorosos y furiosos -¿Has necesitado correrte para darte cuenta de si tengo una herida, desgraciado?-
-Pero, Aris... Si tú...-
-¿¡Si yo, qué!? No voy a dormir a casa sin dar explicación y vienes a verme, se supone, para saber el por qué. Preocupadísimo, ya lo veo- rugió -Pero la preocupación se te va en cuanto te pongo las tetas en la cara-
-¿Y qué esperas?- se mofó Reven -Soy tu marido, por el amor de Leviatán ¿Esperas que te ignore si quieres sexo?-
-¡Espero que primero te importe saber que estoy bien antes de metérmela hasta el fondo!- le empujó, dejándolo de piedra.
-Últimamente no estás muy bien ¿eh?- entornó la mirada él.
-¿Qué? ¿Insinuas algo?- se enervó.
-Lo que he dicho- bufó Reven, enfadándose progresivamente ante el tono repentino de su mujer -¿No te ves? ¿No te oyes?- esas preguntas le trajeron a Stelaris otros recuerdos que no quería: la mirada de Nero, la pregunta de si se oía a sí misma cuando se le insinuó sexualmente a su propio hermano a cambio de silencio.
-¿Que no me oigo...?- la chica se llevó las manos a la cara para tratar de calmarse, pero no lo logró -Vete, Reven ¿Sabes? Vete. Porque esto es por tu culpa ¿En qué coño estabas pensando? Literalmente. Para no darte cuenta de esto- se señaló el moratón -Has tenido que estar muy pendiente a otras cosas en tu mente ¿Hay otra, eh? Oh, tal vez...- sonrió histérica -Llegó a mis oídos que estuviste bailando muy alegremente con Nashra en la boda-
-¿Y qué sabrás tú? Estabas desaparecida. Me aburría. Tú y tus borracheras- la culpa la hizo enfurecer más
-¿Que te aburrías, pedazo de capullo? ¿Y por aburrirte sacas a bailar a otra? ¿A la esposa de mi hermano?-
-Tu hermano la tiene más aburrida de lo que estaba yo-
-¿Y pensabas "alegrarla", eh? Estabas pensando en ella mientras me follabas ahora ¿A que sí?- le miró tan afilada como una daga -Admítelo, venga- se acercó a él con pasos lentos -En sus ojitos, su pelo...- enumeró mientras levantaba las manos para agarrarse a sí misma los pechos y jugar con ellos, llamando la atención de Reven para que mirase -¿En sus tetas tal vez? No está mal ¿eh? Es preciosa y tiene esas curvas...-
-Para, Stelaris- ordenó Reven dejando de mirarle el cuerpo para mirarla a los ojos.
-Te la estás follando- afirmó -Te la follas y por eso le importa una mierda que Nero la ignore- pareció descubrir -Te estás follando a Nashra, pedazo de cabrón- al reafirmarse, voló la bofetada. El restallido de la carne creó un silencio abismal en la habitación. Reven la miraba con severidad mientras otra marca roja aparecía en la otra mejilla de Stelaris.
-Vuelve a acusarme de algo así sin pruebas, maldita, y te la daré el doble de fuerte- se dio media vuelta para marcharse mientras Stelaris caía derrotada sentada al borde de la cama, sollozando.
-Eres un maldito hijo de...- afirmaba una y otra vez -Seguro... Seguro que estás liado con ella...- mascullaba.
-¿Sabes?- Reven la miró una última vez antes de salir de la habitación -Lo divertido de todo esto es que ahora mismo, tras escucharte, siento unas enormes, gigantescas ganas de ir a buscar a Nashra, arrancarle la ropa y darle lo que Nero no le da- rio con crueldad -Regocíjate: acabas de hacer que me pique verdaderamente la curiosidad por saber cómo es desnuda y no descarto acabar descubriéndolo- cerró la puerta de un golpe seco, dejandola sola en su miseria -Zorra...- las palabras llegaron a oídos de Stelaris, pese a todo.
Reven
Su situación matrimonial no era precisamente idonea y por esa sencilla razón, por la furia que le invadía, decidió empezar a mover sus propias fichas, cansado de esperar y de soportar más sandeces. Mientras se dirigía al patio con paso apresurado y nervioso sacó el teléfono y marchó unos números para enviar un mensaje encriptado en el que explícitamente pedía que le aguardaran allí.
Atravesó los pasillos y bajó en ascensor hasta el hall principal, tan enorme y señorial que sus pasos resonaban con enormes ecos como los pasos de un gigantesco dragón saliendo de una cueva. Desde allí, se dirigió hacia el punto de encuentro, donde una persona encapuchada le aguardaba apoyado contra un apartado árbol, comiendo una manzana.
-Te esperaba más puntual- mordió. La sosegada voz de Alastor no dejaba duda de quién era el individuo bajo la capucha.
-Llego cuando quiero- advirtió Reven, aún malhumorado.
-Problemas en el paraíso ¿eh?- adivinó el Caballero.
-No te metas en aguas cenagosas, Alastor. No es de tu incumbencia-
-No, no lo es- asintió con una sonrisa -Pero ahora que he adivinado lo que te ocurre, déjame advertirte: si tratas de pagar conmigo tus problemas conyugales, perderás la poca oportunidad que tienes de ostentar el trono que tanto anhelas- la amenaza hizo enfurecer aún más a Reven, pero se contuvo. A fin de cuentas estaba hablando con Alastor, uno de los Cuatro Caballeros, que había accedido personalmente a cosnpirar junto a él para lograr un objetivo común. No podía dejar pasar la oportunidad y perder a tan valioso aliado por culpa de una loca como Stelaris, que le sacaba de quicio.
-Lo lamento- se disculpó tras suspirar forzadamente.
-¿Qué quieres?-
-Avanzar- comenzó -Creo que va siendo hora de ir planificando el golpe-
-¿Tú crees? ¿O es la rabia lo que impulsa tu impaciencia?- mordió la manzana de nuevo -Ya sabes, eso de acechar como un depredador... ¿Dónde queda?-
-Queda en que ya se ha oficiado la boda y por tanto Carstad es oficialmente aliada de Aeter. No podemos tolerarlo-
-¿Podemos? Quizá a mi no me moleste tanto como a ti-
-¿Cómo...?- Reven entornó la mirada.
-Carstad es una fuerza a tener en cuenta- comió de nuevo -Estuve fisgando la enorme nave en la que vino... Esa cosa podría pulverizarnos a todos en un abrir y cerrar de ojos-
-Nosotros contamos con un poder superior ¿No es eso lo que nos une? El sentimiento de que no podemos rebajarnos- Revan alzó el puño cerrado a la altura del rostro para enfatizar sus palabras de sentimiento patriótico -Aeter es más que Branna, es más que Carstad. El territorio merece ser nuestro- sonrió -¿No querías una guerra gloriosa, Alastor? Cómo era aquello que dijiste... ¿Que de qué sirve ser un Caballero si nunca ejerzo?- el rostro de Alastor reflejó que, en efecto, Reven daba en el clavo -Ahora mismo solo eres un hombre triste que come una manzana bajo el amparo de un árbol porque todo cuanto le rodea es libertinaje palaciego, mentiras, intrigas y demás insulsa parafernalia noble que no te interesa; igual que a mí. Tú y yo nos entendemos, buscamos lo mismo, aquello que nos hace vivir y para lo único para lo que sirve nuestra vida y nuestro título-
-Guerra- sonrió Alastor -Sí, Reven... Guerra- acabó de comerse la manzana y miró el hueso de la misma.
-Por eso, avancemos. Tú comienza a provocar a los otros tres, que traten de seguirte-
-Vala no traicionará a Selana, jamás. Es como una especie de madre para ella-
-Selana y su maternidad- se mofó Reven -Pues Siegrad y Frig nos valdrán, de momento. Yo me ocuparé de hostigar a Helion-
-¿Cuentas con algún plan?-
-Procuraré que le resulte muy apetecible una guerra contra Carstad, ya sabes- ambos sonrieron -Aumentaré las tensiones entre ambas familias. Algo se me ocurrirá. Pero estate advertido, Alastor, pues cuando llegue la hora Helion ha de morir y para ello os necesito a vosotros, los Caballeros. Si no le protegéis, no es más que un viejo acomodado que ha perdido todo músculo a cambio de grasa por tener todo el día el culo plantado en su despacho-
-Prométeme gloria, Reven- se animó Alastor -Sólo prométeme la gloria, el reconocimiento y el poder que ansío... y te aseguro que postraré la cabeza cortada de Helion a tus piés-
-Hermano mío...- Reven agarró a Alastor de los hombros -Te prometo que tendrás tu oportunidad de ser una leyenda. Y cuando tenga mi corona y arrasemos con Carstad, todo ese territorio será solo para ti- ambos se miraron contentos y conformes. Alastor asintió y Reven se mordió los labios -Me han entrado ganas de follar, otra vez- apuntó al final.
-Y a mí. Maldita adrenalina- ambos estallaron en risas estúpidas
-Movámonos pues, no llamemos demasiado la atención.
-Sí, será lo mejor. Nos veremos pronto de nuevo, Majestad- le dijo a Alastor a Reven, que sonrió complacido e ilusionado como un niño pequeño, antes de que ambos se separaran por caminos distintos.
En el silencio que restó en el patio junto a los árboles, como un espejismo, la figura más que reconocible de Logan apareció como una ensoñación. Reía, reía sin parar. Tanto que se tuvo que agarrar al tronco del árbol para no caer desternillado -No puedo creer que sea tan fácil...- se dijo, controlando la risa -No puedo creer que sea tan sencillo deshacer a esta familia como un castillo de arena azotado por el mar...- reflexionó -No me puedo creer que sean tan imbéciles... Por ello, no me hagas esperar mucho más, Arenea- dijo en solitario mirando a palacio, pensativo. Estaba deseando pasar a la acción.
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