Logan
Ya había transcurrido poco más de una semana desde el evento del evenenamiento que sacudió los cimientos de la familia Aeter, por lo que poco a poco, todo iba regresando a la normalidad. Para Logan, cuya prioridad era la salud de Arenea, todo estaba completamente solventado dado que la chica ya podía caminar y hacer aparentemente vida normal tras haber sido tratada durante todo ese tiempo de forma insistente, aunque no gracias a Selana, por supuesto. Por lo demás, todo iba como se esperaba: Vian seguía empeorando lentamente cada día, cada vez más y más aquejado por la maldición. Nero, tras la revelación de su verdadero origen, estaba más apartado que nunca de la familia pese a que Vian y Stelaris no parecían tratarle de forma diferente, sino como de costumbre. Ésta última seguía en su constante búsqueda de la autosatisfacción y siempre se la oía discutir con su esposo bien por teléfono o en persona en mitad de los pasillos, siempre dando espectáculos, siempre desconfiando de todo y cada vez más alcohólica. La joya de la familia, por supuesto, era Selana. Estaba histérica desde la muerte de Lucce y poco o nada se le podía decir sin que estallase en gritos o rompiese a derramar lágrimas. No se fiaba de nadie y no quería tener a nadie cerca, pero sí que el soldado había notado algo ciertamente llamativo en esa última semana y era el hecho de que la reina se pasaba a ver con demasiada asiduidad los entrenamientos de la soldadesca. En especial, los suyos. Aquel día no era una excepción.
Logan se encontraba descamisado, desprovisto de toda prenda que cubriera la parte superior de su cuerpo a excepción de las vendas que le cubrían todo el brazo derecho desde el hombro. Tenía la punta de los cabellos un poco sudadas y revueltas por su cabeza, parte del cuello y algo de la cara debido al extenuante ejercicio que estaba realizando: se estaba enfrentando a 5 soldados a la vez, que visiblemente estaban más cansados que él. Todos usaban espadas o sables normales mientras que Logan se valía de su enorme espadón, que blandía como quien sujetaba una pluma. Selana, por supuesto, allí estaba: observando con sus manos entrelazadas y una mirada de constante juicio. Reparaba sin embargo en Logan más que en el resto, en su habilidad, destreza y las innumerables cicatrices que decoraban su cuerpo, algunas incluso monstruosas. Dado el caso, Logan decidió poner punto y final al entrenamiento con brevedad debido a que sospechaba que Selana quería algo de él. Con un salto hacia delante, acortó distancia contra los soldados y girando sobre sí mismo como una peonza describió un perfecto círculo de 360º con la hoja del espadón, derribando a todos los soldados que trataron inútilmente de bloquear el ataque. Los brazos de aquellos hombres quedaron contusionados debido al impacto y a la vibración que sacudió sus músculos y huesos, quedando todos en el suelo sin ánimo de levantarse -Bien, creo que hemos terminado por hoy- dijo el soldado clavando la espada en el suelo -Daos una ducha. Dais asco- comentó viendo como los hombres nisiquiera intentaban ponerse en pie. Selana se acercó a paso calmado hasta su posición entonces, dando tiempo a que Logan se quedara solo cuando los soldados acabaron por retirarse.
-Una demostración de fuerza excepcional, como de costumbre-
-Majestad- Logan inclinó la cabeza -Es un honor recibirla en mis sesiones de entrenamiento-
-¿Sabías que estaba aquí?- Selana arqueó una ceja.
-Siempre sé dónde estáis todos. Es mi deber, para protegeros- explicó el soldado.
-Ya veo- la reina lo miró de arriba a abajo. Su trabajadísimo cuerpo le trajo recuerdos de sus días de juventud, a juzgar por su mirada -Tú y yo no hemos hablado mucho ¿No es cierto?-
-No, majestad. Para mí siempre será un placer atenderos, sin embargo-
-Qué educado y cortés-
-Soy un viejo espíritu de Aeter, mi señora. No esperéis menos de mí-
-Ah, los viejos espíritus...- suspiró -Siempre superando a los nuevos, tan frágiles, tan...- recordó a Lucce inevitablemente.
-No os torturéis más, mi señora- indicó Logan -Nada es inevitable en esta vida, y menos la muerte. Siento decíroslo así pero debéis sobreponeros para que nada escape de vuestras manos, otra vez-
-Otra vez...- repitió Selana mirándole al único ojo sano, que parecía atravesarla como una espada debido a su dureza -Consideras que Lucce se me fue de las manos- afirmó
-Disculpadme, alteza, pero sí ¿O vuestro hijo ha fallecido por vuestra voluntad?-
-¿Cómo osas...?- Selana alzó la mano con intención de abofetearlo, pero ante la impasividad del hombre, se contuvo y bajó la mano, entrelazando los dedos con estrés y tensión -Es... muy atrevido por tu parte decirle eso a tu reina, soldado-
-Me he disculpado de antemano, pero no deja de ser una realidad. Como persona ajena a la familia en cuestión de lazos sanguineos, me pongo en vuestro lugar, como madre, y lo que yo haría en vuestro lugar es precisamente lo que os digo, recomponerme, apoyarme sobre los trozos del corazón roto, para que no vuelva a suceder algo así. Eso y por supuesto encontrar al culpable, pues a fin de cuentas, dudo que el veneno haya aparecido por arte de magia- Selana frunció los labios con fuerza y sus manos se tensaron aún más. Sus dedos jugueteaban nerviosamente sin orden ni lógica y sus ojos se perdieron en la inmensidad, más allá del rostro de Logan.
-Tienes toda la razón, soldado. Ven conmigo, tú y yo tenemos una conversación pendiente-
Nero
-¿Cómo está hoy mi rey?- preguntó Nashra dejándose caer perezosamente sobre Nero, tendido en la cama. Era como una pequeña croqueta que giraba de un lado a otro a lo largo del cuerpo de su marido.
-¿Qué haces...?- preguntó el príncipe medio dormido.
-Arriba, dormilón- le dio un dulce besito en la mejilla -Es muy tarde ya para andar vagueando en la cama. Lo último que quiero es que te me deprimas- sonrió dulcemente la chica.
-Bendita sea la depresión si así puedo dormir más- bostezó Nero, abrazándose a la almohada.
-Venga, vamos- animó Nashra -No me hagas desnudar para espabilarte- amenazó mordiéndose los labios. Ojalá la obligara a ello.
-Ya voy, ya voy...- Nero se sentó en la cama, acariciándose la nuca y bostezando nuevamente.
-¿Vamos a dar una vuelta por la ciudad hoy? Quizá a la sociedad le vendría bien un poco de atención real para dejar un poco atrás lo de Lucce- dijo un poco triste, recordando al joven príncipe.
-Que se ocupen los verdaderos príncipes- se quejó poniéndose en pie, yendo a buscar ropa al armario.
-¡Ah, no digas eso! Eres tan príncipe como ellos. La sangre de Selana no es la que te hace príncipe o rey, es la de Helion-
-La sangre, en general, no te da títulos Nashra- comentó pensativo Nero poniéndose un pantalón, siempre sobrio y aburrido negro -Y no te confundas, porque no estoy triste ni me desanima no ser hijo de esa bruja-
-¡Nero!- reprendió su mujer -Si te oyen...-
-Solo me oyes tú ¿Vas a chivarte?- le disparó una mirada maliciosa. Nero sabía perfectamente que Nashra era de mecha corta y gatillo fácil, una peligrosa combinación, pues para Selana sacarle información era tan fácil como echar azucar al café.
-N-nunca lo haría-
-Ya- a partir de ahí, un pequeño silencio se montó como un pequeño muro más entre los dos. Nashra se sentó en la cama y jugueteó moviendo las piernas de un lado a otro mientras miraba a Nero vestirse, recreándose en el movimiento de cada músculo de su espalda, brazos, hombros y sobre todo en sus manos mientras se abotonaba la camisa. Cada pequeño detalle de sus tendones, venas y músculos con cada movimiento... deseaba que esos botones fueran sus pezones, por obsceno que resultara aquel pensamiento.
-¿Entonces nos vamos?- dijo animada, distrayéndose de sus siempre sexualmente activos pensamientos.
-Primero quiero ver qué tal está Anya-
-Ah, sí- torció la boca -Creo que está mejor ¿no?-
-Parece ser. Lo veremos en breve- cuando estuvo listo, se acercó a la puerta y la abrió. Nero dio un respingo al no esperarse a Selana al otro lado de la puerta, custodiada por el enorme Logan a su espalda.
-Buenos días, Nero- dijo la reina con suma tensión, mirando a su hijastro.
-Hola- contestó simplemente el príncipe.
-Ve inmediatamente a la sala del trono- ordenó, sin más, antes de darse media vuelta y marcharse seguida por su soldado, que no dijo ni una palabra.
-Supongo que no hay paseo en una temporada...- suspiró Nashra, imaginándose lo que eso significaba.
Sentada sobre su trono, situado junto al trono vacío de Helion dado que estaba ausente, la reina se regodeaba en la comodidad del mismo, extendiendo la espalda por el respaldo. Nero, junto a Nashra, llegaron unos momentos después. Como era costumbre en la sala del trono, la esposa se situó a un lado de la sala, junto a los grandes pilares, mientras que Nero hincaba rodilla bajo las escaleras que daban al trono. Junto a Selana había dos figuras: Logan a su izquierda y Vala a su derecha, ataviada con su uniforme y yelmo característico.
-Majestad- dijo Nero con tensión en la voz -Acudo a vuestra llamada- recitó como de costumbre.
-Te he llamado aquí porque oficialmente tienes una misión que cumplir, Nero. Como hijo de Helion- hizo énfasis en el nombre del rey -Y Capitán General del Ejército, debes dirigir una operación para encontrar al culpable del envenenamiento de tu hermano Lucce, nuestro querido y dulce príncipe- anunció con la arrogancia que la caracterizaba. Nero sabía cuánto disfrutaba Selana de sentarse en el trono y comportarse como una reina divina, incuestionable e invencible -Por lo tanto, en cuanto estés preparado en el día de hoy- mientras decía esas palabras, las puertas de la sala del trono se abrían -irás a Branna a investigar el origen del suministro de veneno. Además, de forma extraoficial, llevarás a cabo una operación de búsqueda de información e investigación para la extracción de la Marca de Ifrit, última vez vista en Branna en el Gran Asedio, en pos de hallar una posible cura para Vian- Selana, al decir aquello, alzó la vista. Allí estaba Anya, quieta entre las puertas en el enorme umbral. Nashra y Nero la miraron desde su posición, siguiendo la mirada de la reina -Interrumpes una audiencia militar, Anya- dijo la reina.
-¿Una nueva misión?- preguntó la chica con respeto.
-Para Nero, como Capitán General- dijo la reina -Por favor, déjanos a solas-
-Me voy a Branna- dijo Nero poniéndose en pie y mirando a la chica recién llegada desde abajo de las escaleras -Y algo me dice que va para largo- miró a Selana desafiante -Será agradable tomarme unas vacaciones al sol-
-Sin duda. Espero que te tomes tu tiempo- recalcó la reina -A fin de cuentas serás más útil allí que aquí, como de costumbre- el ambiente comenzó a tensarse de forma peligrosa entre ambos. Nashra lo percibía en Nero, sobre todo por la forma que tenía de tensar la mandíbula y apretar los puños -Logan Vals, al que he nombrado recientemente Capitán de la Guardia de Palacio, te acompañará como supervisor y protector personal-
-Quiero ir- dijo de pronto Anya, dando un paso al frente -Iré también, majestad- Nashra, de forma imperceptible, suspiró de alivio al oír a Anya.
-¿Qué?- la reina sonrió de forma falsa -No recuerdo haberte indicado que podías ir-
-He oído el objetivo de la misión sin querer, alteza y según Nero, se trata de Branna. Me consta que es un lugar peligroso aún a día de hoy. La última vez, un simple viaje a Ocian en las lindes del reino de Aeter casi nos cuesta la vida. Considero que el príncipe necesita ayuda en una tarea tan laboriosa y más si se trata de un largo tiempo- dijo con descaro pero a la vez con sumo acierto en su excusa -Y si se trata, además, del motivo del envenenamiento de nuestro Lucce, que también me afectó a mí, es personal por partida doble para mi persona. Por partida triple- añadió -si la llamada Marca de Ifrit puede ser una cura para mi esposo Vian- ante las palabras de Anya, la reina se pasó una mano lentamente por el rostro, pensativa.
-¿Quieres ir también, Nashra?- preguntó Selana.
-Y-yo... no sabría...-
-Lo digo porque de pronto, todo el mundo es un guerrero entregado a la causa de esta familia, hasta las mujeres. Me preguntaba si quizá se trata simplemente de que Anya tiene unos ovarios bastante parecidos a los testículos de los hombres- dijo molesta -Sin embargo, parece que sí, se trata de eso- Anya no mostró amedrentamiento ninguno ante las palabras de la reina -No obstante...- bufó -No seré yo quien prive a la mujer de mi primogénito de dar su vida por una cura. Tu salud y bienestar no es prioridad para mí, Gran Duquesa de Carstad- indicó -No desde que murió mi hijo y la vida de los demás peligran-
-Es comprensible, alteza- el falso respeto que Selana veía en Anya la irritaba.
-Así que si quieres ir, ve. Informa a Vian y prepara un equipaje digno. No estaréis allí menos de un mes, eso os lo aseguro a todos- Selana miró a Logan -Cuento contigo, capitán-
-Sí, mi reina- se llevó una mano al pecho mientras la reina se marchaba acompañada de Vala. En la sala del trono sólo quedaron los viajeros y Nashra, mirándose entre sí en un incómodo silencio. Logan, sin embargo, fue el único que no pudo evitar sonreir ante la magnífica situación.
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