miércoles, 4 de septiembre de 2019

Nero

El amanecer de un nuevo día para Nero fue tan bienvenido como la soledad en la que queda unido solo a sus pensamientos. Los rayos de sol que iluminaban la habitación entre las cortinas le acariciaban la piel mientras que miraba de soslayo, como era ya rutina, a su desnuda esposa a su lado. Esta vez, para variar un poco, ella estaba despierta y le miraba sonriente -Buenos días, querido príncipe-
-Hola- bostezó Nero y se apartó de ella para ponerse en pie -¿Qué coñ...?- se miró. Estaba completamente desnudo y no recordaba haberse acostado así.
-Me tomé la libertad. Tenía ganas de verte- dijo ella pícara, apoyándose sobre el colchón para incorporar su cuerpo e inclinarse hacia Nero. La postura que adoptó era, con el cuerpo arqueado, era más que meditada. De esta manera lo que más destacaba eran sus pechos igualmente desnudos, prominentes y adelantados, unidos por la postura de los brazos. Y su sonrisa, su sonrisa lo decía todo.
-¿Me has violado?- Nero arqueó la ceja. Tuvo que admitir que le costó horrores no reirse y acabó por soltando una carcajada. Aquello hizo que Nashra se viniese arriba.
-¿Debería?- entusiasmada, se acercó al borde de la cama y tomó a Nero de una mano para acercárselo. Con la otra, felizmente, buscó su miembro. El príncipe automáticamente dio un respingo y se apartó.
-Quieta, Nashra. Tenemos que irnos- se excusó
-¿A dónde?- frunció el ceño la muchacha, que parecía no poder alcanzar la gloria de acostarse con su marido por apenas unos milímetros de deber.
-La boda fue ayer ¿Recuerdas? Eso significa que hoy se marcha Vlad y debemos despedirle. El viaje es largo, así que nos deja ahora por la mañana.
-Pamplinas- infló los mofletes
-¿Desde cuando eres tan maleducada?- reprendió Nero con un tono jocoso -Qué pensarían de ti si supieran que consideras despedir al emperador de Carstad una pamplina...-
-¿Si lo comparo con hacer el amor con el hombre al que amo? Ya te digo yo que es una pamplina-
-Venga, Pamplinas- animó Nero, arrojándole un cojín a la cara. Trataba de hacerlo parecer divertido y animado para que no insistiera en mantener relaciones -Vístete- concluyó mientras cogía sus ropas de un armario: unos pantalones negros y una camisa roja, para variar. Eso sí, siempre casual y para nada adecentado. Nashra, por su parte, se vistió con un gracioso vestido blanco con motivos florales. Tenía la cara un poco apagada. Nero la veía a través del espejo de la puerta del armario. Sabía lo que venía a continuación...
-¿Alguna vez tendremos hijos?- preguntó. Y cómo lo sabía. El tema de siempre.
-Nashra...- suspiró el príncipe.
-Sé que lo detestas- se excusó rápida -Sé que odias hablar del tema, que no te gustan los niños y eso...- dijo apresurada -Solamente me lo pregunto, ya sabes... Cuando veo a Stelaris con Reven y los niños...- al decir aquello, una punzada de rabia invadió a Nero por cada parte de su cuerpo. Escondió las manos tras su espalda para que Nashra no viera cómo los nudillos se le volvían blancos como la nieve de tanto apretar los puños. Pensar en Stelaris era lo último que deseaba y peor todavía sería verla en unos minutos.
-Bueno, tú misma lo has dicho ¿no? No me gustan los niños- creyó zanjar el tema con eso, como siempre. Esta vez, no bastó.
-Lo acepto- dijo ella, interponiéndose en el camino que Nero empezó a tomar hacia la puerta, ya que ambos se habían vestido -Acepto que no quieras hijos. Acepto que tampoco importa porque en una familia real son mayormente instrumentos para continuar el linaje y tú no serás rey. Y no me importa- sonrió dulcemente -Yo no quiero ser reina. Menos aún si estoy contigo. Sí, vale, me gustaría tener tus hijos, que te llamen papá y a mí mamá, verte jugar con ellos en los jardines de nuestra casa, lejos ya de este tedioso palacio de pasillos infinitos- suspiró. Nero se arrepentía enormemente de haberla besado antes de que bailase con Reven. Sabía que aquello era el motor de su reactivada función como esposa.
-Tenemos que irnos- repitió Nero.
-¡Pero al menos...!- la chica también apretó los nudillos -Al menos... ¿Es mucho pedir que dieramos uso a la cama... de vez en cuando, aunque sea?- ambos se miraron en silencio durante unos largos segundos. Al menos a Nero se le hicieron eternos -Te quiero- agregó ella.
-Llegamos tarde- concluyó Nero tras echar un rápido vistazo a un reloj colgado de la pared. Nashra bajó la cabeza mientras su esposo pasaba por su lado y abría la puerta.
-¿Podrías... darme otro beso?- preguntó, apagada y triste. Nero se detuvo en el umbral y la miró tan abatida que se sintió la peor persona del mundo.
-Ven- pidió y Nashra se giró llena de energía. Su estado anímico era una montaña rusa y todo dependía de Nero: era tan fácil destruirla como devolverla a la vida con solo un poco de atención -Eres muy tonta ¿Lo sabes, no?- dijo, dándole un beso suave en la frente y estrechándola un poco contra su cuerpo con un solo brazo. Ella era tan poca cosa que era fácil para el príncipe.
-Sí, tontísima. Lo siento- sonrió ella, quitándose una lagrimita traviesa del ojo -Es que te quiero mucho, de verdad- de pronto parecía otra. Esa simple muestra de cariño la había devuelto a ser la Nashra de siempre. Nero sabía, de todas formas, que volvería a suceder. Debía tener cuidado con cómo y cuando le daba una dosis de afecto, o volvería a acostumbrarse. Maldito Reven... Ese necio finalmente podría acabar fastidiándole después de todo.
-Vámonos- finalizó Nero, separándose de ella y enfilando el pasillo. Nashra cerró la puerta apresurada, se repeinó los cabellos, se acarició la frente con un dedo y se lo besó. Sonrió de la foram más estúpida que podría hacer un ser humano... y salió corriendo tras Nero, como de costumbre.

Cuando llegaron a la zona limítrofe del patio con el bosque donde la enorme nave del emperador reposaba, ya todos estaban allí. Helion y Selana dispararon una mirada molesta a Nero y a Nashra por llegar de forma tan apresurada. Vian apenas los miró. Anya solo miró a Nashra, que le devolvió una mirada alegre e ilusionada, aunque no pasó por alto el rostro ceniciento de Anya aquella mañana. Por lo demás, contaban también con la presencia de Lucce y de Stelaris, aunque su esposo se hallaba ausente. Fue la única que no levantó ni un ápice la cabeza ni la vista del suelo cuando llegó Nero y éste sabía bien por qué. Sintió deseos irrefrenables de contar lo que había visto y dejarla en completo ridículo delante de Vlad y los demás, dado que Alek también estaba allí, por supuesto. El Gran Duque de Carstad, sin embargo, debía de estar muy acostumbrado a las pilladas, debido a que sonreía a Nero como si le estuviese desafiando.
-Disculpad la tardanza de nuestro hijo- excusó Helion -Supongo que estaba muy cansado ¿Verdad?- dijo entre dientes el rey.
-Con una esposa tan guapa, yo también me levantaría tarde de la cama- guiñó el ojo Vlad -No hay problema-
-Mis disculpas- dijo Nero, simplemente.
-N-no es lo que parece, alteza imperial. Tan solo...- Vlad alzó una mano mientras reía, restándole importancia.
-Por favor, por favor. Vuestras vidas privadas no me conciernen en absoluto. Tampoco voy a ofenderme si no viniese alguien a despedirme ¿O es que estoy falto de cariño?- se carcajeó -Hija mía- pasó su atención a Anya -Espero que seas feliz aquí-
-Sí, padre- contestó ella robótica.
-Estaremos en contacto ¿De acuerdo? Ven, da un abrazo a tu viejo padre antes de que se vaya- Anya y Vlad se fundieron en un emotivo abrazo mientras sus dos hermanos miraban.
-Bendiciones- dijo Lev, que apenas había sido visto si no era bebiendo por los rincones y separado de todo el mundo, mientras se iba en dirección a la nave.
-Encantado de conoceros a todos- prosiguió Alek -Ha sido un auténtico, auténtico placer- inquirió mirando a Stelaris -De los mayores de mi vida. Espero poder volver pronto- sonrió encantador.
-Cuando gustes, Gran Duque- invitó Helion -Esta ya es tu casa-
-No me tentéis, alteza- entornó la mirada Alek mirando a Nero. No fue de extrañar que de pronto se alzara una brisa un tanto violenta que todos notaron. Vian miró a Nero automáticamente. Tantos años, tantas vivencias... sabía que era él ¿Qué era lo que lo enfadaba tanto? -Ups, la brisa- rio Alek sosteniéndose los cabellos largos -Hasta más ver, hermanita. Cuídate mucho-
-Nos veremos pronto de nuevo- sonrió Vlad besando la frente de su hija -Adiós a todos. Ha sido un verdadero honor y placer compartir este tiempo en esta magnífica tierra con tan magnífica familia-
-Más aún para nosotros, alteza imperial. Nos esperan grandes, enormes tiempos de prosperidad por delante-
-Que Leviatán nos oiga- asintió Vlad y se marchó. Todos permanecieron quietos viendo como la gigantesca nave despegaba y amenazaba con lanzarlos lejos a base de golpes de viento. Tan magnífica obra de ingeniería seguía sobrecogiendo el corazón del joven Lucce que miraba fascinado y emocionado el despegue.
-Con vuestro permiso, necesito tomar el aire- dijo Anya, rompiendo el silencio.
-Estás en el patio, querida- apuntó Selana.
-Salir, me refiero- miró a Vian -Si no es imprudente o causa algún tipo de molestia- el heredero la miró con dureza pero acabó asintiendo.
-Ve-
-¿Seguro?- preguntó Selana.
-Sí- reiteró él -Ve. Stelaris podría...-
-No- dijo ella cortante, pero rápidamente carraspeó -N-no. A ser posible querría ir sola-
-Ir sola es inviable- contestó su ahora esposo -Debes ir escoltada-
-Entonces que Logan me acompañe. Es un buen soldado, habilodoso y leal. Estaré a salvo con él- dijo la princesa. Vian miró a Helion y éste, sabedor de las habilidades de Logan, asintió.
-De acuerdo- dijo quedamente.
-¿Podría ir yo contigo?- preguntó Nashra con interés.
-Lo siento- dijo Anya -Me apetece estar un rato a solas- Nashra asintió un tanto apenada.
-Vale, no pasa nada. En otra ocasión- y así, la vieron marchar.
-¿Estás seguro de que la vas a dejar ir sola?- preguntó Selana con cierto resentimiento -¿A qué se debe este arrebato?-
-Nos acabamos de casar- apuntó Vian -Y su padre, al que ha estado mucho tiempo sin ver, se ha vuelto a ir. Es normal. Estará un poco saturada-
-Es una mujer débil- señaló la reina -Demasiado débil-
-Ya- dijo Vian cortante -Me retiro yo también- realmente se retirarían todos a partir de ese momento. Nero, sin embargo, siguió de cerca los pasos de Vian.

Cuando llegó de vuelta a su habitación, el príncipe heredero cayó sentado y devastado sobre la cama. Soltó una larga exhalación de extenuamiento y sin levantarse procedió a desvestirse. Apenas llegó a desprenderse de la camisa y dejar su torso al desnudo cuando Nero entró sin llamar, cerrando la puerta a su espalda.
-Vas a conseguir que me sonroje- comentó jocoso.
-Supondría que vendrías- suspiró Vian -Casi podría decirse que te necesitaba. Siempre has sabido llegar en el momento oportuno-
-Eres un libro abierto- se encogió de hombros Nero.
-Uno pútrido que se cae a pedazos, sí. Los más fáciles de entender. Se abren solos- Nero bufó ante aquel comentario. Estaba harto de depresiones, aunque le entendiese.
-Esa partida por parte de Anya no ha sido nada disimulada- comentó Nero mirando por la ventana. Aún tuvo tiempo de ver el coche en el que iba la chica saliendo por las grandes puertas del jardín dirección a la carretera.
-Está enfadada- dijo con la voz doliente mientras se arrastraba por la cama de espaldas hasta el cabecero, donde se apoyó.
-¿Ya?- Nero dejó ver una media sonrisa -Sois un record-
-No hemos discutido- Nero le miró al decir aquello -Está enfadada porque ayer follamos- aquel exceso de sinceridad resultó incómodo a Nero, por alguna razón.
-Vaya...- no supo qué más decir. Solo se metió las manos en los bolsillos y se quedó ahí, con la mirada perdida en la ventana, mientras Vian le miraba fijamente.
-No fue agradable-
-Puedo imaginarlo- frunció los labios Nero.
-No, no lo imaginas- inquirió Vian y su tono de enfado hizo que Nero le mirase de nuevo -No lo imaginas- Vian apretaba las sábanas y las retorcía de pura ira -El desprecio... El desprecio es...-
-Cálmate, Vian-
-¡No me digas que me calme!- rugió -¡Tú eres el que menos lo entendería!- golpeó la cama -Tu mujer, Nashra, hermosa como una mañana de invierno, se muere por ti y tus huesos. La he oído hablando con madre, con Stelaris, con sirvientas, con miles de personas desde que os habéis casado y siempre, siempre tiene buenas palabras hacia ti y siempre habla de lo mucho que te quiere. Y la forma en la que te mira, Nero... Esa admiración, ese deseo... ¿¡Crees que a mí me miraba con deseo anoche!?-
-¿Cómo quieres que te mire, Vian, si no os conocéis?- trató de mantener el tono.
-¡Yo la deseé anoche!- exclamó -La besé, la toqué. Esperé paciente a que saliera del puto baño en vez de sacarla de los pelos y tirarla a la cama como me consta que hace más de uno en su matrimonio- Nero sabía que se refería a Helion y Selana, pero no le impactó. Le daba completamente igual -Traté de hacerlo bien...- Vian se miraba las manos y esas malditas marcas -¿Y qué vi...? Su rostro compungido, sus ojos cerrados o distraidos... Me obviaba Nero, me tenía asco...-
-Vian...- suspiró Nero dando un paso hacia la cama. Quizá si lo calmaba un poco con cercanía...
-¿Sabes qué hice?- lo miró con ojos acuosos -¿¡Sabes qué hice!? La tomé, le di la vuelta y de espaldas la poseí. La poseí como quien monta a una perra, Nero. Me la follé como a una-puta-perra ¡A mi mujer!- Nero estaba congelado en el sitio -Por eso está enfadada... Porque la humillé. Sé que la humillé, sé que le hice daño, porque no me contuve. No me contuve, Nero. Lo saqué todo, todo lo volqué en ella: mi frustración, mi impotencia, mi desesperación y mi rabia. Todo fue a parar a ella y a su interior-
-Vian, basta- Nero extendió una mano -Ya es suficiente. Cálmate y deja de airear detalles-
-¿Te molesta? ¿Te molesta oír como una mujercita lo ha pasado mal una noche? ¡Porque yo al menos la miraba y admiraba la belleza de su cuerpo! Porque es preciosa. Es buena, cercana y preciosa. Podría ser la esposa perfecta si se dignara a mirarme a la cara- se señalaba, desquiciado -Pero no, soy el enfermo, el tullido, el maldito que se pudre por dentro ¡Mírame!- escupió a las sábanas. Pronto se llenaron de gotitas diminutas y rojas -¡Mírame, Nero!- los dientes los tenía enrojecidos de sangre -Este es el muerto en vida con el que se ha casado-
-Ya es suficiente, Vian...- Nero cerró los ojos y suspiró -Ya es suficiente-
-Si no quieres oir más, lárgate. Porque esto solo acaba de empezar- tosió -Acaba de empezar, hermano. Y quería decírtelo a ti, antes que a nadie, por los viejos tiempos- se inclinó hacia su mesita de noche y del cajón más bajo, oculto sobre un montón de medicamentos, extrajo una vieja foto que le lanzó a los pies a Nero debido a que no tenía fuerzas para dársela en mano. Éste se agachó para tomarla y echar un vistazo de cerca: era una fotografía de todos los hermanos en su niñez. Nero y Vian se pasaban mutuamente un brazo por los hombros y sonreían tan a gusto, mientras que Stelaris estaba entre ellos, sentada, abrazando a un enanísimo Lucce que apenas era un bebé adorable. Una punzada de nostalgia invadió a Nero y volvió a corroerle por dentro ¿Cuanta mentira había en esa fotografía? -Míranos, jóvenes e ilusos antes de que toda esta vorágine de locura comenzara. Ahora no somos más que un cuadro roto y fragmentado. Yo enfermo, tú apartado y solitario como la luna en la noche, Stelaris haciendo de las suyas, que a saber por qué estabas tan furioso antes- dijo de mala gana -Y Lucce aún le queda por madurar... mi pobre hermanito...- negó con la cabeza, haciendo que los cabellos le bailasen de un lado a otro.
-Creo que deberías descansar, Vian- dijo finalmente Nero, en conclusión, dejando la fotografía sobre la cama -Reposa y cálmate, estás alterado y no te beneficiará-
-De eso se trata- rio el heredero -De que estoy harto de beneficios y problemas: voy a ser yo mismo a partir de hoy, Nero. No voy a tolerar que nadie más vuelva a despreciarme. Ni madre seguirá atontándome con medicinas, ni padre me obviará en las decisiones politicas, ni mi reciente esposa volverá a desdeñarme con su desinterés y asco. Se acabó la pena y la lástima, Nero. Soy el heredero de Aeter y aunque a todos os parezca increible... sigo vivo- sonrió y un hilo de sangre le cayó por el labio, pues estaba conteniendo la tos. Se percibía claramente las ligeras convulsiones mientras con una gran voluntad se trataba de mantener impetérrito.
-Descansa, Vian- dijo finalmente su hermano mientras se marchaba de la habitación.
-¡Nero!- éste miró una última vez antes de cerrar la puerta -No se me pasa por alto que has ignorado mis palabras sobre Stelaris. Dile que venga a verme-
-¿No crees que es suficiente?- se enervó Nero -Descansa un poco, duerme o lo que quieras y...-
-¡Te ordeno que la llames, maldita sea! ¡He dicho que se acabó! Nadie, nadie ¡Jamás! ¡Jamás volveréis a decirme qué debo hacer!- Vian extendió la mano hacia Nero y entre ambos apareció una ligera corriente luminescente translúcida, como una luz que intentaba encenderse y solo resultaba en chispas. Vian acababa de atacar a Nero con una ráfaga mágica y esa chispa era el resultado de la defensa del propio Nero. En otras circunstancias, se enfadaría, se ofendería y lo dejaría tirado en su miseria ¿Pero hasta dónde podía llegar la cordura en un hombre como Vian, tras tantos años de sufrimiento?
-¡Basta!- gritó Nero rompiendo el ataque invisible de Vian. Éste se estrelló contra el cabecero de la cama y comenzó a toser violentamente -Que sea la última vez que lo intentas, Vian- advirtió -Llamaré a Stelaris para que venga, pero a cambio, calma esos humos. No te lo volveré a advertir-
-Ni yo volveré a repetírtelo...- concluyó. Entre ambos, la puerta se cerró de un portazo.

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